• Por Javier Platas

alice-cooper-killer-discoCrítica

Tras el éxito conseguido con el fantástico “Love It To Death” en 1971, la Alice Cooper Band volvió al estudio ese mismo año nuevamente de la mano del productor Bob Ezrin con la inspiración todavía intacta y con un puñado de grandes canciones bajo el brazo que terminarían conformando “Killer”, uno de sus mejores trabajos, el cuarto en estudio de su muy recomendable discografía.

Arranca este gran disco con “Under My Wheels”, vibrante rock clásico, enérgico, muy stoniano con estimulantes guitarras y una agradecida sección de viento.

Le sigue “Be My Lover”, sensacional composición rock llena de clase y estilo con evidentes similitudes con el “Sweet Jane” de The Velvet Underground. También se aprecian ciertas semejanzas con el “Honky Tonk Women” de los Rolling Stones en este tema habitual en los directos del grupo de Detroit.

“Halo Of Flies” son más de ocho minutos de puro talento. Parece ser que la canción surgió de la unión de varios fragmentos inacabados de diferentes temas que al ensamblarse en uno sólo dieron como resultado una de las mejores creaciones de la banda, una especie de suite de compleja estructura en la que tienen cabida diferentes formas sonoras, desde el hard rock hasta la psicodelia pasando por tramos de rock progresivo y hasta algún pasaje de pasodoble.

alice-cooper-disco-contraportadaLa influencia de los Doors se deja ver en “Desperado”, no en vano este corte con arreglos de cuerda en el que por momentos la voz de Alice Cooper parece la del mismísimo Jim Morrison está dedicado al que fuera líder de los Doors.

Vuelve la pujanza rock en “You Drive Me Nervous”, gran canción garajera de excitante ejecución que perfectamente podría formar parte del catálogo de los Stooges.

El prominente bajo de Dennis Dunaway es lo más destacado de “Yeah Yeah Yeah”, otra pieza de rock sucio y garajero con Alice haciendo sonar su armónica.

El álbum se cierra con dos composiciones de gran calado atmosférico. La primera es “Dead Babies”, sin duda una de las cumbres del disco. Ambiente tétrico e intrincadas texturas instrumentales de nuevo cercanas al prog-rock con entonados riffs guitarreros, teclados, trompetas y hasta coros psicodélicos.

La segunda es la propia “Killer”, otra excelente pieza que comienza como un blues-rock bañado en ácido en donde vuelven a recordar a los Doors de discos como “Morrison Hotel” o “L.A. Woman”, para dar paso a una terrorífica atmósfera que desemboca en un pasaje psicoprogresivo con un envolvente teclado como protagonista.

Como dato curioso decir que la serpiente que aparece sobre fondo rojo en la portada del disco se llamaba Kachina y era propiedad del batería Neal Smith, gran aficionado a estos reptiles, los cuales formaban parte de la teatral puesta en escena de los conciertos del quinteto estadounidense.

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