• Por Antonio Méndez

Dirección: Benito Zambrano.
Intérpretes: Alberto Yoel, Roberto Sanmartín, Yaiene Sierra Rodríguez, Marta Calvó.

Con guión de Ernesto Chao Galván y Benito Zambrano (“Solas”, “La Voz Dormida”).

Ruy (Alberto Yoel) y Tito (Roberto Sanmartín) son dos músicos cubanos, amigos de la infancia, que por fin parece que van a conseguir ofrecer su primer concierto en directo en La Habana. Cuando aparecen en escena dos productores españoles, Marta (Marta Calvó) y Lorenzo (Roger Pera) ambos, junto a su banda, comienzan a ilusionarse con iniciar una exitosa carrera discográfica y marcharse a vivir a España.

Benito Zambrano, después de “Solas”, se fue a La Habana para rodar este drama social y musical en el que, desde una óptica agridulce, abierta, optimista, llena de concordia, y mediante el seguimiento principal de dos personajes, Ruy y Tito, en especial Ruy, confluyen diferentes asuntos ubicados en el particular contexto sociocultural y político de la vieja capital cubana. Entre ellos, la integridad artística y personal ante la avaricia del mercado explotador, que tienta con sus ambiguos paraísos la salida de una situación incierta; o la libre elección de un destino para intentar conseguir una vida mejor más allá de un ambiente precario, limitado, asentado en la música y la camaradería como evasión y/o respuesta a un escenario estancado que se cae a pedazos.

habana-blues-cartel-fotosZambrano, en el muestrario social de Cuba, isla a la que retrata con realismo y cariño en un trasfondo musical muy variado con sonidos rock, hardcore, metal, fusión o blues, expone la ligazón del estado socioeconómico en el que sus habitantes perviven entre el acomodo vital quejoso ante las carencias y la frustración de unos jóvenes que cuentan con miras de expansión más allá de conducir Chevrolets o Buicks pasados de moda en calles llenas de ritmo y jineteras.

Sin embargo, aunque es inevitable la importancia de la cuestión sociopolítica en el país caribeño, ésta permanece básicamente latente, siendo lo principal del film las ansias existenciales de unos caracteres bien perfilados y excelentemente interpretados que intentan luchar por su puesto futuro a pesar de que el mismo tenga que suponer la bifurcación y la distancia, el dolor de la pérdida.

También es interesante la anotación que se hace sobre el proceder y la comercialización artística, en este caso musical, y la presión de la industria para prostituir el arte en pos de las ventas, de pervertir la capacidad creativa del autor (del que se deja, claro), para adecuarse a los gustos más comerciales, en especial en esta época de tanta facilidad para convertir la mierda, rebozando con el ventilador a todo el mundo, en oro y el oro, al que no descubren, en mierda.

El dominio, al igual que en “Solas”, del ritmo, impidiendo que la historia, con ciertos subrayados, no decaiga en su interés a pesar de que tampoco los asuntos resultan demasiado originales, la capacidad de los diálogos e imágenes para crear con acierto cualquier tipo de exposición emocional, en especial tensión dramática, la virtud de sonsacar poesía en la representación de lo cotidiano, de amalgamar un buen cúmulo de sensaciones en la intrahistoria, y de narrar con eficacia, a lo Martin Scorsese en “El Último Vals”, las actuaciones encima del escenario, confirman a Benito Zambrano como uno de los nombres importantes de la cinematografía española actual.

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Benito Zambrano

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