• Por Antonio Méndez

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La lamentable pérdida del carismático vocalista Bon Scott provocó este regreso en luto de AC/DC que introdujo a un nuevo cantante de garganta afilada llamado Brian Johnson, exmiembro del grupo Geordie que encajó a la perfección con su fibrosa expresividad vocal en el hard-rock con raíces blues de los hermanos Young.

Este disco es uno de los grandes momentos de la historia del grupo con la maquinaria rockera bien embadurnada de sexualidad, energía, jovialidad. Su sonido remacha las constantes del conjunto australiano: estructuras básicas rock con potentes riffs y estribillos adhesivos.

Las campanas mortuorias de “Hells Bells”, una de las mejores canciones del álbum, es el punto de partida de este vibrante trabajo hard rock que contiene lo que se le pide a este tipo de productos con sana incorrección política: fuerza, diversión, pujanza, sarcasmo, energía, cinismo, dosis irónicas de misoginia, loas alcohólicas y, sobre todo, grandes composiciones: “Shoot To Thrill”, la citada “Hell Bells”, “Let Me Put My Love Into You”, “What Do You For Money, Honey”, “You Shook Me All Night Long”, “Rock And Roll Ain’t Noise Pollution” (como bien dicen, el rock’n’roll no es contaminación acústica y nunca morirá) o la homónima del disco, son temas emblemáticos para cualquier amante de esta gran banda.

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