• Por Antonio Méndez

blackfield iv album review portada cover discoCrítica

Blackfield comenzó como un dúo formado por Aviv Geffen y Steven Wilson. Después de dos estupendos álbums de soft rock y pop-rock romántico en tono melancólico, a partir de su tercer trabajo, “Welcome To My DNA”, parecía más un proyecto en solitario de Geffen que una colaboración equilibrada como dúo, algo confirmado en esta cuarta entrega.

Aviv compone y produce todas las canciones y Wilson sólo canta un par de temas, toca algunas guitarras y mezcla un disco en donde también han participado Vince Cavanagh, Brett Anderson y Jonathan Donahue.

El álbum se abre con “Pills”, notable canción con Steven en la voz principal distorsionada, sonido de mellotron y una orientación épica-orquestal (la London Session Orchestra colaboró en este disco) mientras se busca un escapismo, una evasión de la realidad, una huida de miedos… Geffen muestra en esta pieza su indudable capacidad melódica.

“Springtime” es más rítmica que el anterior corte… No me sentaré y me quedaré a esperar, no me importa que otro guíe ya tu camino, ya no hay lluvia, es primavera… Ruptura amable, sin resentimientos, de pareja expresada con un luminoso jangle pop en medio tiempo en donde suena una slide guitar a lo George Harrison.

Vince Cavanagh (Anathema) canta de forma tierna, sentimental, en “X Ray”, estupenda melodía de dos minutos y medio con piano y estampas de paseos urbanos.

blackfield-fotos“Sense Of Insanity” es lo más convencional radioformulero que han grabado Blackfield. No empieza mal con empleo de armonías vocales en tempo lento y base orquestal, su texto muestra dosis de escepticismo y cierto desencanto… Todos los héroes se han ido, quieres hablar pero la gente no escucha… pero el progreso pop-rock remedando a Muse y Coldplay no convence.

Brett Anderson (el cantante de Suede) es el vocalista de “Firefly”, pieza atmosférica con batería tribal y resonancias líricas-guitarreras post-punk sobre confusión, desorientación… volando en círculo hasta que muera, no sé dónde estoy, no hay amores sinceros ni tierra prometida… Recuerda en parte a los Cure.

Jonathan Donahue (Mercury Rev, The Flaming Lips) colabora en “The Only Fool Is Me”, una especie de canción de cuna con arpa que podría cantar el Paul McCartney de los años 80. De nuevo retoma Aviv el desencanto… ahora sé que nadie ama sin interés, el único tonto soy yo… pero con esperanza en el futuro… mañana comienza un nuevo día. Muy Tin Pan Alley.

Una de las mejores canciones del disco es “Jupiter”, de nuevo con Steven Wilson cantando. Sensible balada con piano, violines y un estribillo fenomenal (algo habitual en la trayectoria de Blackfield). Nostalgia de la inocencia y la ilusión de la juventud sin perder fundamento romántico.

“Kissed By The Devil” recuerda a los Beatles en su etapa “Abbey Road” con metáforas sobre ruptura y una instrumentación más rock que en la mayoría de sus entregas.

Dos buenos cortes consecutivos… “Lost Souls” es una grata canción power pop en donde almas perdidas, solitarias, encuentran compañía en un “lugar especial”… y “Faking”, con voz quebradiza, sensible, y cuitas sobre tiempo y actitud, es un pop-rock con arreglos orquestales melancólico bastante pasable.

“Blackfield IV” termina con “After The Rain” y un mensaje positivo muy tópico… Después de la lluvia siempre sale el sol… en un intrascendente corte electrónico que no pega con el conjunto.

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