
Designados los salvadores del rock por la prensa mainstream vaya usted a saber por qué, los Strokes son una de las bandas más populares de este inicio del siglo XXI. Ni su lírica, poco destacada en su brillantez, ni su música, un repetitivo reciclaje del garage-rock 60’s, la Velvet Underground, los Stooges o el influyente dueto guitarrero de Richard Lloyd y Tom Verlaine en Television, suponen nada nuevo como sonido ni sus composiciones resultan demasiado inspiradas, recayendo en la iteración, el formulismo y en la carencia de inventiva rítmica y melódica más allá de algún acierto parcial.
El grupo, formado por varios jóvenes de familia bien, está liderado por el cantante y compositor James Casablancas, hijo de John Casablancas, el ex presidente de la famosa agencia de modelos Elite, cuyos padres eran ambos españoles.
Casablancas está acompañado por los guitarristas Nick Valensi y Albert Hammond Jr., hijo del conocido músico y compositor de mismo nombre, el bajista Nikolai Fraiture y el batería Fabrizio Moretti.
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Varios de ellos habían comenzado a tocar en su adolescencia cuando acudían a un colegio privado de Manhattan, hasta que en 1999, ensamblado el quinteto, crean definitivamente el grupo The Strokes, tomando como referencia el sonido sucio y estridente de las bandas garage-rock y proto punk de finales de los 60 y comienzos de los 70.
Sus actuaciones por diversos locales neoyorquinos comienzan a despertar un creciente seguimiento en la escena de la Gran Manzana, que terminan llevándolos hacia Ryan Gentles, un perspicaz personaje que se convierte en su manager y comienza a promocionar con sapiencia a la banda. |
En el mes de Enero del año 2001 consiguen que el sello Rough Trade les publique el EP “The Modern Age” (2001), un disco producido por Gordon Raphael, quien también se encargaría de producirles “Is This It” (2001), un álbum aparecido en RCA que contenía singles como “Hard to explain” o “Last nite”, un calco del “Lust for life” de Iggy Pop.
El disco fue alabado por la prensa británica, convirtiéndolos en las nuevas estrellas del panorama internacional. Sonidos sucios, prominencia rítmica y refrito de herencias sónicas en temas que denotan poca sabiduría en la creación melódica y diversidad sonora, con trazos de los Stooges (sin la actitud de Iggy), la Velvet (sin el talento de Lou Reed), Televisión (sin la originalidad de Verlaine y Lloyd) e incluso del primer Tom Petty.
No es una basura gracias a temas como “Soma”, “Take it or leave it” o “New York City Cops”, canción no aparecida en la versión americana, quien también cambió de portada, pero dista mucho de ser una obra maestra y mucho menos un disco revolucionario, sino todo lo contrario, el sobrevalorado producto de un conjunto limitado de ideas y excesivamente redundante en un sonido muy ajado con anterioridad. |  |
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Esta redundancia se aprecia claramente en su segundo álbum, “Room on Fire” (2003), un disco producido de nuevo por Raphael y por Nigel Godrich, el conocido productor de Radiohead.
El single “12:51”, estupenda recuperación del sonido de los Cars, fue la presentación de un disco irregular, con indiferentes temas de relleno pivotados en su habitual reciclaje de influencias pretéritas y unas cuentas piezas notables, como el citado sencillo, “The end has no end”, con una sugerente línea de guitarra, la frenética “Reptilia” o “Under the control”, un corte cuasi soul a lo Marvin Gaye. |
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