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Disfrutando sus surcos, pieza maestra tras pieza maestra, podemos apreciar el talante reinvidicativo de su autor en el aspecto sociopolítico, su profunda sensibilidad cuando aborda temas de quebradas relaciones amorosas y una definición personal humana, sencilla y humilde, con permanentes proclamas animosas hacia el oyente, de movilización social contra las injusticias en la construcción de un mundo más íntegro y solidario, diatriba antibelicista, búsqueda de la libertad de pensamiento individual y colectiva o autoafirmación personal en un contexto taciturno a nivel emocional o edificación de nuestro propio destino.
Las hermosas composiciones, de maravillosas melodías y sutiles letras, están cimentado básicamente en apaciguados ritmos acústicos (las canciones más rítmicas son las de materia más combativa a nivel político como "Military Madness" y "Chicago"), con aportaciones instrumentales de grandes nombres de la época, como Jerry García en la steel guitar, John Barbata en la batería, Dave Mason, Joe Yankee (que es Neil Young), o David Crosby en la guitarra eléctrica o Dorian Rudnytsky al cello, quien aparece acompañado por el fiddle de David Lindley y el piano del propio Nash en la bellísima balada "Simple man", una de las cumbres de un fascinante Lp, esencial para cualquier amante de la buena música.
En esta inolvidable y sensible pieza también aporta voces Rita Coolidge, quien escolta en casi todo el album y de manera celestial la, ya de por sí, magnífica voz de Graham Nash.
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