• Por AlohaCriticón

Con este magistral disco Bruce Springsteen se convirtió en un icono del rock’n’roll estadounidense y no es para menos.

Se trata de un trabajo exuberante en su aspecto dramático, posee una fuerza emocional admirable y una madura exposición lírica sobre escapismos de carretera, retratos de evasiones vitales, narraciones románticas, ambientes de perdedores…

La pujanza sentimental del LP, con un Bruce pletórico en la composición y en la expresión vocal, está sublimada por una instrumentación que enaltece tal fibrosa y honesta manifestación de emociones. Aquí no hay fingimientos ni lugar para marionetas o fatuos rapsodas.

Es un álbum que parece aunar su primera querencia dylaniana con las pautas dramáticas de Roy Orbison y la intensidad de la producción de Phil Spector, con melodías que asoman su verdadera identidad tras varias audiciones y unas historias de cariz épico que exhiben claramente un talento lírico más allá de la media.

El tema de la evasión y huida con riqueza en imaginería se aprecia en “Thunder Road”, pieza con retazos folk-rock iniciada con una combinación serena entre armónica y piano, preludio de un tempo que se desarrolla in crescendo a la par que la manifestación del anhelo del narrador en huir de una ciudad en donde solamente moran perdedores. La coda alcanza con el viento un desahogo en el desarrollo que parece asomarnos al horizonte de la carretera por la que se marchan los protagonistas de la historia.

“Tenth Avenue Freeze-Out” es una canción que podría ser cantada por Otis Redding, Sam & Dave o Wilson Pickett. Puro soul de Stax con una impresionante resonancia emocional cuando Bruce eleva su voz y expresa “And I’m all alone, I’m all alone…And I’m on my own, I’m on my own and I can’t go home”.

“Night” es una de las cumbres del disco. Principiada con un Clarence Clemonds enérgico, este relato de escapismo laboral y evasion noctívaga posee unas varianzas melódicas de maestro y una fuerza emocional propia de su admirado, el gran Roy Orbison (citado por cierto en el texto de “Thunder Road”).

“Backstreets” se inicia con una dulce melodía de un maravilloso piano, que pronto es acompañado por un órgano Hammond a lo “Like a Rolling Stone” de Dylan. Este tema de base romántica detenta un desarrollo épico-lírico rotundo, con una dramática parte final inolvidable. Solo por escuchar y acompañar la desgarrada voz de Springsteen en “Hidin’ in the backstreets”, con un clímax glorioso de pura comunión en vivo, merece la pena escuchar este tema.

El tema homónimo, “Born to Run” marca las ascendencias en Bruce de Phil Spector. El solo del saxo de Clemonds es realmente exuberante. Un clásico de su carrera.

Tanto como Spector define parte de “Born to run”, en el medio tiempo “She’s the one” Springsteen retorna a Roy Orbison acompañado por guitarra-percusión a lo Bo Diddley. Tan reverenciada y tan imitada.

Una trompeta con sonidos jazz suena en la intro de “Meeting Across the River” y posteriormente volverá a acompañar el desarrollo de todo el tema. Precioso piano de tono melancólico entre los Carpenters y Tom Waits en una narrativa puramente cinematográfica. Gran, gran, gran tema. Con una atmósfera hechizante.

“Jungleland” es una auténtica joya. Piano barroco que envidiaría Michael Brown, un texto que bendeciría Bob Dylan (si no lo ha bendecido ya), un desarrollo melódico e instrumental imbatible, opulencia en texturas, unos acordes guitarreros a lo Who del “Who’s Next”, una intensidad fuera de lo normal…una pieza maestra de nueve minutos que parecen cuatro.

Realmente se trata de un trabajo sensacional que marca la diferencia entre música y musiquilla, entre un autor y un pelele.

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