• Por AlohaCriticón

SAW II (2005)

Dirección: Darren Lynn Bousman.

Intérpretes: Donnie Wahlberg, Tobin Bell, Shawnee Smith, Frankie G.

Eric (Donnie Wahlberg) es un detective que tendrá que vérselas de nuevo con Jigsaw (Tobin Bell), un asesino sin escrúpulos que mantiene a ocho extraños encerrados.

Redundar en el éxito es una de las mayores tendencias del Hollywood moderno. Es la quintaesencia del ahorro, de la eficiencia entendida como producir mucho con el mínimo esfuerzo. El público acepta esta fórmula, y es eso lo que ha llevado a la cartelera al actual empacho de remakes y secuelas. ”Saw II” llega poco tiempo después de su sorprendente predecesora, sin ofrecer nada que no se atenga a lo esperado. No sorprende (o no debe sorprender) porque ya no lo intenta. Es, simple y llanamente, una vuelta de tuerca, contundente en algunos casos, a las ideas que llevaron a “Saw “a ser una de las sorpresas de la pasada temporada cinematográfica. Baste como ejemplo la primera escena, cuyo contenido no voy a desvelar, para saber que lo que busca, por encima de todo, es rizar el rizo.

Valorar esta secuela sin haber visto “Saw “sería un ejercicio incompleto, esencialmente por sus referencias a la primera parte. Vuelve Jigsaw, el enfermizo psicópata, un tipo al que la vida ha puesto en la situación de no estar sujeto a ninguna atadura moral para dar rienda suelta a sus locuras, y lo hace con rostro, lejos de las máscaras que lo ocultaban a nuestros ojos en la primera entrega. Y vuelve, como no, con la intención de jugar. Juega con los personajes y con el espectador, dejando claro que el propio Jigsaw es, ante todo, el disfraz bajo el que se ocultan los sádicos cachondos que han creado “Saw”. Todos somos martirizados y angustiados mediante todo tipo de argucias, yendo, si cabe, más lejos en cuanto a sadismo e impacto visual. Me detengo aquí, pues es ésta la verdadera apuesta de Bausman, un tipo que, lamentablemente, se ha conformado con llevar la angustia que inundaba “Saw” al límite, sin concesiones (ojo a la escena de las jeringuillas, prueba de fuego para quien se crea incapaz de apartar los ojos de la pantalla), pero sin hacer avance, más bien al contrario, en cuanto al descaro y originalidad que sorprendieron en su precuela.

Quien vaya al cine con la intención de disfrutar, de salir de la sala diciendo “¡cómo mola, es brutal!”, es muy posible que salga encantado de la proyección. En este terreno, creo que “Saw II” no fallará a los fans de la primera parte. Quienes busquen, en cambio, ser nuevamente sorprendidos, puede que salgan decepcionados. “Saw II” repite fórmula, repite vertiginosos giros de guión, repite juegos, repite angustia y sadismo, pero quién sabe, igual les merezca la pena verla por contemplar los momificados restos de la macabra obra de uno de los psicópatas más perversos del reciente cine de psychokillers.

Ángel Ruiz

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