• Por AlohaCriticón

ROCKY BALBOA (2006)

Dirección: Sylvester Stallone, Burt Young, Antonio Tarver, Geraldine Hughes.

Treinta años después de alcanzar la fama como púgil, Rocky Balboa (Sylvester Stallone), pasa su tiempo recordando sus hazañas en su restaurante Adrians, bautizado con el nombre de su esposa fallecida de cáncer.

La gloria perdida podrá volver a recuperarse si logra derrotar al nuevo campeón de peso pesado, Mason “La Línea” Dixon (Antonio Tarver).

Y Sylvester Stallone, con el rosto más curtido que nunca, resucitó a Rocky. Pronto lo hará con Rambo.

En este “Rocky Balboa”, bastante previsible en todas sus actitudes, valores y resultados, Stallone adopta, desde una óptica crepuscular-nostálgica, el esperado tono lastimero y sentimental de un personaje añoso que vive tan preso de sus añoranzas (tanto amorosas como profesionales) como de su leyenda, que le lleva a convertirse en una especie de abuelo de Cebolleta contando anécdotas a sus clientes del restaurante.

La película, básica en sus principios, propugna valores positivos desde la clásica apostura de antihéroe y drama con base en un estudio de personaje: esfuerzo, sacrificio, autoconfianza, determinación, superación, personalidad propia al margen del que dirán los demás…

Resulta meritorio el intento de profundizar en el ánimo de sus caracteres con un tono íntimo (hasta los últimos veinte minutos no hay acción pugilística salvo el prólogo), a través del que se muestran escenas cotidianas de tintura taciturna, algunas de ellas acentuadas con melancólicos pianos.

Stallone hace interactuar, en claves menores, a diversas tipologías en diferentes ambientes, generalmente de barrio bajo y casi siempre, los principales, tratándose con dignidad y respeto. También establece un conflicto familiar, un tanto superfluo, en la relación paterno-filial, y un miramiento a los tejemanejes del boxeo y la imagen pública del deportista, abordando tanto los temas de esfuerzo y autoconfianza previos como otros adyacentes, por ejemplo el carisma, o el inexorable paso del tiempo que no puede encontrarnos complacientes.

Hay subrayados emocionales, asuntos manidos en torno al personaje solitario y tristón en busca de regeneración, pero la película, un estudio de personaje en decadencia pero con determinación que incluye un cameo de Mike Tyson retando al campeón, no engaña a nadie en su oferta.

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Sylvester Stallone

La motivación que impulsó a Stallone a embarcarse en una nueva secuela de Rocky fue doble: por una parte, reconciliarse con los fieles e incondicionales seguidores del potro italiano, para los cuales con la quinta entrega no se cierra la saga de forma satisfactoria, debido tanto a la baja calidad del producto, como a la propia estructura del film, el cual nos deja un mal sabor de boca, afectando a la valoración del conjunto y ninguneando aunque fuera parcialmente los valores que rezumaba el protagonista en el resto de entregas: heroicidad, superación, lucha, firmeza, etc; por otra, objetivos más pragmáticos, consistentes en intentar relanzar su alicaída carrera, recobrando la fama, ingresos y popularidad, de la que gozó ampliamente desde mediados de los 70 hasta principios de los noventa.

Pese a que los precedentes hacían presagiar que la sexta parte de Rocky iba a discurrir en la misma dirección que sus predecesoras, a saber, un nuevo episodio clónico e inferior a las anteriores entregas, con la estructura ya sobradamente conocida y agotada: el reto inicial, el entrenamiento, el combate y por último el triunfo. El citado ejercicio de prospectiva ha resultado fallido, ya que, aunque no alcanza la calidad de la primera, Stallone se desquita, en especial de la poco meritoria quinta parte, y cierra definitivamente la saga con un último capitulo más que digno. Los buenos resultados en taquilla, han sido refrendados por unas criticas aceptables y superiores a las de las 4 entregas previas.

A continuación, paso a valorar con más detenimiento aquellos aspectos del film que pienso son relevantes, teniendo en cuenta que detrás de todos los más significativos se encuentra la figura de Stallone, ya que la dirige, la escribe, la coproduce, y la protagoniza.

Recupera ciertas características de su más insigne antecesor (Rocky, 1976) entre las que destacaría, la existencia de un sólido guión en el cual, los aspectos pugilísticos no son un fin en si mismos, sino un elemento que da fuerza a la historia y permite tratar los temas abordados con el referente del boxeo, como símil de una situación en la que para enfrentarse a ella, hace falta valor, esfuerzo, perseverancia, coraje, etc. Ello queda reflejado asimismo en el reducido tiempo que se le dedica a las escenas de entrenamiento y combate (los últimos 20 minutos). La calidad del guión es muy superior a las cuatro entregas anteriores, las cuales se alejaban de lo que fue su génesis: una película de autor, con un bajo presupuesto, sin concesiones a los guiños, y tópicos facilones de ciertas producciones hollywoodenses. Justamente de estos pecados son culpables en términos generales las secuelas de Rocky, siendo franquicias sin calidad, con el único objetivo de generar dinero fácil, por medio de una formula que se había probado exitosa. La redención después de expiar sus culpas con el rotundo fracaso de Rocky V, ha venido in extremis de la mano de Rocky Balboa, el cual pese a sus 60 años, ha resurgido de sus cenizas como el ave fénix, mostrándose más en forma tanto dentro como fuera del ring que en los cinco lustros precedentes.

Uno de los aspectos a destacar reside en la buena actuación de Stallone, apoyada en un buen guión, definiendo a un personaje que nos recuerda parcialmente al Rocky de hace 30 años: sencillo en las “distancias cortas” o a “primera vista” pero mostrándose tras una visión holística o de conjunto como denso, complejo, poliédrico y lleno de matices.

En esta entrega pese a no arrancar como era habitual con el último combate de la anterior y prácticamente no efectuarse flash-backs (con la excepción de algunas secuencias de la primera) el pasado está muy presente, de hecho nuestro protagonista vive el presente a través y con los ojos del mismo; es propietario de un restaurante llamado Adrian´s (el nombre de su mujer fallecida de cáncer), en el cual se dedica a contar anécdotas de sus tiempos de gloria a los clientes, efectúa una turné año tras año por los sitios que solía frecuentar con Adrian. Pese a los años transcurridos no ha logrado superar su muerte. Estos y otros problemas (su hijo le culpa de influenciar su vida de forma negativa, debido a su fama y preeminencia) se solucionan o al menos se minimizan, a través de la catarsis terapéutica que supone el volver a combatir.

Eduardo Esteve

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