Una de las cintas del oeste más importantes de los años 50, período en el cual, sin perder los parámetros tradicionales que delimitan el histórico género, algunos westerns, especialmente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, alcanzaron una proyección psicológica reseñable por su profundidad y complejidad, que ayudaban a madurar las clásicas propuestas y motivos, y a inundar la tipología y mitología westeriana con simbologías y lirismos acompañando la cavilación reflexiva sobre personajes solitarios de difícil integración, generalmente antihéroes, significados por la amargura, la melancolía y unas contradicciones emocionales que les situaban en difíciles conflictos personales e interpersonales, generalmente ubicados en microcosmos con caracteres de definición universal.
En “Johnny Guitar” confluyen algunas de las características básicas del cine de Nicholas Ray, uno de los autores más interesantes e inteligentes del cine de Hollwood, aquí desarrollando un western de tipo revisionista, en el cual se desvía de la mera exaltación hombruna tan característica del género para incorporar el enfrentamiento clave entre dos personajes femeninos fuertes, aguerridos y decididos, que incluso trastocan el color concedido en su vestimenta a “buenos y malos”, alejándose de la violencia/muerte/venganza entendida como fin, para emplearla como medio de deliberación sobre la misma y sus consecuencias (también aparece latente su preocupación por la adolescencia y la juventud en algún personaje, preludio de “Rebelde sin causa” o “Al este del Edén”), una mirada a la frustración y represión sexual, y al conflicto de intereses sentimentales o pecuniarios, con denuncias, acosos y coacciones que Ray emplea como una clara alegoría sobre la Caza de Brujas impulsada por el senador McCarthy a la que Sterling Hayden estuvo sometido. También Ray y el guionista Philip Yordan habían estado en la órbita del comité de actividades “antiamericanas”.
A lo largo del film se aprecia el excelente sentido estético y melodramático de Ray, con un empleo extremo del cromatismo de carácter pictórico y el estupendo uso de los habitáculos como deponente colorista de unas situaciones marcadas por una intensidad fuera de lo común y una perspectiva en localizaciones y escenarios interiores influenciada por el célebre arquitecto Frank Lloyd Wright, maestro de Ray.
Es muy plausible el sentido climático de tensión, mantenido con un pulso narrativo brioso y diálogos secos, cortantes, directos, amenazadores, imbuidos en muchas ocasiones de cinismo e ironía, que urgan en las debilidades y fortalezas de un completo muestrario de personajes, en sus deseos, en sus esperas, en sus odios, en sus encuentros, en sus celos, en sus pasiones…
Para cumplimentar su producto Ray se rodea de grandes colaboradores, como el operador Harry Stradling, genial tanto en la fotografía de los exteriores de Arizona como de interiores, el citado guionista Philip Yordan, quien adapta de manera magistral el libro de Roy Chanslor, o el compositor Victor Young, quien co-escribe la canción interpretada y compuesta por la gran cantante de pop y jazz Peggy Lee.
La fenomenal capacidad de Nicholas Ray para sonsacar actuaciones de primera magnitud a sus intérpretes, con especial énfasis en las miradas, los gestos, los rostros o los estudiados movimientos, se aprecia en las actuaciones de un reparto extraordinario, liderado por Joan Crawford, Mercedes McCambridge (ambas aborreciéndose dentro y fuera de la pantalla, algo que también le sucedía a Joan, mujer de marcada personalidad, con Hayden y, al margen de este film, con Bette Davis), y Sterling Hayden, éste cargado con su guitarra y sus sonidos country & western, sin olvidar a Ernest Borgnine, Scott Brady o John Carradine.
En definitiva, un título esencial en la filmografía de Nicholas Ray, lo que ya supone decir mucho.
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Joan Crawford
Sterling Hayden
Ernest Borgnine
John Carradine

Entre ellos destacaba Nicholas Ray, director que se
preocupó por recordar que los Estados Unidos escondían ciertas debilidades dentro de
su sociedad, una de las más graves la violencia. Aprovechando el cine de género, Ray
consiguió construir una filmografía que posee una fuerza estilística singular y una
originalidad desbordante.
Johnny Guitar, una historia que parte de una obra de Ray Chanslor (el cual figura
como co-guionista junto a Philip Yordan), aborda el mito fundacional del western y, por
extensión, de la creación de los Estados Unidos como país. Johnny Guitar (Sterling
Hayden) llega como forastero a una tierra minera donde malvive Vienna (una
sobrecogedora Joan Crawford), la cual regenta un bar que suscita odios entre la
población de los alrededores, especialmente en la familia que domina el territorio, los
McIvers, y en Emma, que la envidia por haber conquistado el corazón de “El
danzarían”, un minero que no acepta la condiciones impuestas por los McIvers. El
argumento muestra el eterno enfrentamiento que suscita el poder, la venganza, las
pasiones y el territorio libre y sin dueño de esa América mitificada como un valle, un
paraíso terrenal al alcance del hombre, que muestra lo mejor y los peor del ser humano.
La admirable maestría de los guionistas, que construyen unos personajes de fuerte carga
simbólica y cínica aptitud, se ve reforzada por unos diálogos fríos, exactos y sinceros, lo
que dota a la narración de una tensión y un fatalismo extraño en las películas del oeste.
Las acciones son rápidas, concretas y determinantes; no existe ningún plano
tranquilizador o reposado, pues, desde el principio, el estallido de una mina nos anuncia
que se trata de un relato donde lo que verdaderamente importa es la reacción de los
personajes, más que sus pensamientos. El fatalismo, mostrado a través de la bella
historia de amor entre la pareja protagonista, esta presente en todas las escenas gracias a
la ocultación de un pasado desconocido pero amenazador, de unas vidas que descansan
sobre recuerdos demasiado tristes y trágicos, que configuran unos personajes que
necesitan sobrevivir y luchar para vencer a su fatal destino. Se trata, pues, de
perdedores, lejos del heroísmo triunfal del antiguo vaquero de frontera, capaz de
defender con honradez y valentía a todo el pueblo.
Nicholas Ray no está interesado en mostrar vidas fáciles. Cada personaje debe
soportar la carga de la envidia, los celos, el rencor, la violencia o la codicia, palabras
que parecen definir y configurar el universo de una película alejada de la aventura y que
nos introduce dentro de un mundo poblado por seres solitarios y débiles. Es por esta
razón que la mayor parte del film transcurre en interiores, abandonado la panorámica y
la planificación en exteriores. Tanto el bar, donde se inicia la película, como las minas,
que con sus explosiones marcan la tensión de una tierra en permanente ebullición, son
escenarios donde advertimos toda la tensión que subyace en la historia: espacios
cerrados que son determinantes a la hora de definir las aptitudes y las reacciones de los
personajes. A este respecto, resulta ejemplar el uso del refugio que se esconde al
atravesar una catarata, un escenario que se aleja del fatalismo del mundo real y en donde
verdaderamente afloran los sentimientos de los protagonistas, y en el cual acontecen el
final del relato.
Todo este universo tremendamente romántico y mítico cobra mayor relevancia con la
utilización hábil del simbolismo, otorgando a algunos objetos, especialmente a la
guitarra de Johnny, que define la nueva vida idílica y pacífica que pretenden alcanzar
cada unos de los personajes, alejada de una violencia que los abandona a la tragedia.
Este contraste entre la felicidad que otorga el amor y la violencia que ofrece la realidad
está presente en la fotografía hiperrealista del film, que Nicholas Ray volvería a utilizar
en Rebelde sin causa (Rebel without a cause, Nicholas Ray, 1955), mucho más
vinculada a esa tensión que respira toda la película.
Johnny Guitar es una película que narra una historia de amor enfrentada a la
miserable realidad de un mundo corrompido y violento. La originalidad de Nicholas
Ray consiste en crear un western romántico, capaz de utilizar la fuerza interior de los
personajes para enfrentarlos a un destino que les encierra y los asfixia: Viena no puede
mantener su carácter pacífico y tampoco puede esconder la realidad de sus sentimientos,
Johnny debe enfrentarse con un pasado violento que nunca lo abandonara, “El danzarín”
no puede convencer a los demás de su inocencia y Emma, quizás el más psicológico de
todos los personajes, es incapaz de disimular su odio y su debilidad. El estilo de Ray
encarnado en películas tan necesarias como En un lugar solitario (In a lonely place,
Nicholas Ray, 1950), define unos universos poblados por seres solitarios que deben
enfrentarse a un mundo que no los comprende y a una sociedad hostil que castiga la
sinceridad y el amor. Victor Rivas Morente victor.rivas@lycos.es
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