• Por Antonio Méndez

Segundo disco de los Raconteurs. Tal como sucedió con el álbum debut, este trabajo es una combinación bastante disfrutable de las dos principales querencias de sus principales autores, Brendan Benson (power-pop, garage-pop, folk-rock e influencias de los Who, Beatles, Badfinger…) y Jack White (fanático del rock de raíces estadounidense con ascendencias blues-rock, hard rock, garage-punk, e influencias de los viejos maestros del blues, sin olvidar a Jimi Hendrix o Led Zeppelin…).

El LP se inicia con la pieza que titula el disco, “Consolers Of The Lonely”, un buen tema hard-blues-rock con poderoso riffs guitareros y una variación de tempo que coincide con la alternancia vocal, muy diferente, del melódico Benson, quien se esconde del sol y se aburre hasta morir, y el desgañitado White, quien no va a prestar ayuda alguna al plañidero, y que le dice que se va a encontrar muy solo. Pobrecillo.

Jack White vuelve a berrear en el inicio del single “Salute Your Solution”, otro corte de potente instrumentación y neurótica vocalidad con latigazos guitarreros hard-rock y espíritu garaje-punk (siempre con base en su amado blues). Dale al volumen. Así, Así…

Después de esta apertura incendiaria, el disco se aquieta con dos piezas muy melódicas, “You Don’t Understand Me”, canción pop con uso de piano y hermosos coros a lo Beatles, incluso algún tramo estilo Hollies; y “Old Enough”, un tema folk-prog-pop con violines en una mezcla entre Led Zeppelin, Crosby, Stills & Nash y Fairport Convention. En ella, Benson se fija en una joven de “bonito vestido” pero infeliz. Se queja de su situación y Brendan aprovecha para abordar el engreímiento-inocencia juvenil y habla de que realmente no sabemos nada, y de que ya madurará la moza y se volverá más humilde. Aprovecha tu juventud. Ya conocerás a tu tiempo lo que es “esclavitud adulta”.

En el medio tiempo “The Switch and The Spur” hacen sonar unas trompetas como adorno de una interesante imaginería alucinatoria ambientada en el desierto, con un jinete solitario bajo el sol abrasador que recuerda a un western de serie B de Monte Hellman. El pop cuasi nuevaolero del inicio se transforma en un tramo prog-rock a mitad de esta crónica desértica.

“Hold Up” es otro momento vociferante para que Jack White nos aseste sus trallazos blues-rock, aquí parece que burlándose de forma irónica de los que van de “modernetes”, concretamente de una “chica moderna” que se encuentra por el camino. La pieza, con guitarra wah wah, tiene fuerza, energía, con retazos Who y Hendrix. Por la ironía manifiesta en tan minimalismo lírico parece que Jack White no traga demasiado a los modernillos, a la flaura y flora de modas y modos modernetas. Lo normal.

En “Top Yourself” retoza White en un country-bues de mucho estilo en el que Jack dice que uno tiene que hacer las cosas por uno mismo, no esperar por los demás. La melodía es tradicional, con buen empleo del coro a partir de la segunda estrofa por parte de Brendan Benson.

En “Many Shades of Black”, canción de Benson, vuelven las trompetas con una mezcla entre blues y pop un tanto ochentero tipo Queen orquestal. Radiofónico, sin demasiado enfoque a pesar de que a mitad de pieza la voz se enerva y aporta cierto empuje.

Menos mal que vuelve Jack White para aportar dosis de fiereza hard rock en “Five on Five”. Gran tema garaje-punk con trompetas ebrias, algún ritmo que recuerda la pieza instrumental del Inspector Clouseau de Henry Mancini y un explosivo estribilo. Fenomenal.

“Attention” remacha su sapiencia para crear riffs pegadizos; “Pull The Blanket Off” es una balada country-blues con piano al estilo del primer Elton John, cuando el ex Roger estaba influenciado por el rock de raíces americano; y “Rick Kid Blues” es una aceptable versión de Terry Reid. No es extraño que Page quisiera a Reid para LedZep, y éste recomendase a Robert Plant. La canción es de Terry Reid pero podría haberla intepretado los redichos Led Zeppelin.

El disco termina con “These Stones Whill Shout”, tema blues-folk que recuerda a… Led Zeppelin (qué raro), y con “Carolina Drama”, en donde Jack White muestra que es un excelente compositor de canciones, que no necesita trucos de letras crítpicas ni bobadas abigarradas, para narrar una historia con sentido. Esto es lo difícil, no juntar patéticamente letras con significados sobre la nada y pasar por poeta esnob. Aquí escribe un fenomenal blues con una letra que cuenta una intriga criminal con un asesinato visto por los ojos de un niño. De vez en cuando la pieza se aliena del blues y nos transporta a voces etéreas femeninas que parecen salir de un giallo de Darío Argento. Ahhh ahhhh ahhhhhh… Buen detalle.

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