• Por AlohaCriticón

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HARRY POTTER Y EL PRISIONERO DE AZKABAN (2004)

Director: Alfonso Cuarón

Intérpretes: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grin, Gary Oldman.

Después de pasar otro verano con los Dursley, Harry Potter (Daniel Radcliffe) y sus compañeros Hermione (Emma Watson) y Ron (Rupert Grin) retornar por tercera vez al colegio Hogwarts, teniéndose que enfrentar a un peligroso asesino llamado Sirius Black (Gary Oldman), un enigmático mago que ha escapado de la prisión de Azkabán.

Al margen de ello, Harry tendrá que vivir con la inquietante presencia de los Dementores, terribles guardas de Azkabán qure ahora residen en Hogwarts para proteger a los estudiantes.

Tercera entrega de este fenómeno literario (y mediático) llamado Harry Potter, ahora, y tras Chris Columbus, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, un director que realiza un fenomenal trabajo equilibrando la sinergia entre personajes, historia y efectos especiales, integrados a la perfección en la trama, para otorgar una gradación distinta, más siniestra, amenazadora y oscura, en definitiva, más cautivadora y personal.

Esta variación en el estilo y en la atmósfera, acomodada a las nuevas edades de sus protagonistas y al ambiente de hechicería y magia, demuestra la habilidad en el trabajo técnico en pos de la construcción del tono adecuado para el relato desplegado, otorgando una singular e inventiva visión de la obra de J. K. Rowling sin quebrar la esencia básica de la serie, concediendo mayor complejidad y matices a unos personajes más maduros y formados que en las películas previas, y narrando la acción con un vigoroso ritmo y una admirable capacidad por el detalle, lo que que invita al goce fácil de las peripecias mágicas desarrolladas.

Cuarón, quien ya había adaptado una obra de similar concepto como “La princesita”, ha creado la mejor entrega de una serie que explota con talento el mundo de la fantasía infantil, con algunos rasgos inspirados en Charles Dickens, para deleite de públicos de todas las edades, exponiendo como hay que abordar una conocida obra literaria desde una autoría propia y una auténtica visión cinematográfica, más que, por otra parte también plausible si se manejan bien los recursos, el enfoque artesanal de un texto.

Enlaces

Alfonso Cuarón

Daniel Radcliffe

Emma Watson

Rupert Grint

Gary Oldman

Maggie Smith

Alan Rickman

Emma Thompson

Con verdadero pesar (algunos) tenemos que asentir que la titánica empresa iniciada por Jackson sobre llevar al cine la trilogía tolkiniana, definitivamente, se acabó. Aragorn, Legolas, Gimli, Sam, Gandalf, Frodo… y demás personajes, que tanto nos han hecho vibrar y disfrutar como niños en las butacas de nuestros cines estos tres últimos años, nos han dejado definitivamente.

Pero, por suerte (sobretodo para los que amamos el cine fantástico) no nos quedamos huérfanos de magia, fantasía, mundos con las más fantásticas criaturas… aunque los personajes sean distintos y la historia sea completamente diferente, la magia que envuelve a la, por ahora, trilogía potteriana aún se mantiene viva, si cabe con más fuerza ahora que “El Señor de los Anillos” ha desaparecido de las pantallas cinematográficas para no volver, si acaso en alguna que otra reposición o, la mayoría, poderla disfrutar en casa, gracias al dvd. Cierto, reconozco que Harry Potter no es santo de mi de devoción (¿o debo hablar en pasado?), reconozco que no me he leído ningún libro de la Rowling y sus aventuras del niño mago… hasta reconozco que le guardaba cierto recelo y desprecio, sobretodo cuando entraba la comparación con la susodicha trilogía de Tolkien. Pero una cosa también es cierta: si bien me parecen cintas destinadas mayoritariamente al público infantil (menos la segunda que la primera), las dos primeras entregas filmadas por Columbus me siguen y seguirán pareciendo unas buenas y entretenidas películas fantásticas (en este caso, más la primera que la segunda). Como no tengo ni idea de lo que cuenta el libro, simplemente las veo como unas películas fantásticas más, el hecho de que esté bien adaptadas o no (donde por supuesto, no me meteré) ya es otro cantar.

Para “Harry Potter y El Prisionero de Azkaban”, Columbus se desmarcó de la dirección y se trasladaron las riendas de la dirección a Alfonso Cuaron. Mientras uno es artífice del cine más comercial que se destila en Hollywood, el otro se mueve por terrenos de los bajos presupuestos y el cine, más o menos, independiente. En este aspecto, la decisión de dejar las riendas a un director que se decanta por un estilo personal e independiente podría chocar un poco (recordemos que Cuaron fue nominado al Oscar este mismo año, por el guión de “Y tu mamá también”) con el estilo mucho más comercial que se busca con una entrega de la envergadura de “Harry Potter”. Ilusiones, tan sólo eso, pues una vez se ha visto (y disfrutado) la película, uno concluye que, la idea de poner a Cuaron tras la cámara ha sido un magnífico acierto, ya que éste da necesarios aires de cambio a una saga que perdió un poquito el rumbo con la segunda entrega. Aún a sabiendas de que estando Cuaron detrás de esta tercera entrega, iba a suponer mayor calidad al conjunto, no las tenía todas conmigo, pues ya he dicho que el recelo potteriano me invadía. Pues bien, hacía tiempo que no disfrutaba a todos los niveles así en un cine… pero lo curioso es que éste disfrute jamás pensé que lo sentiría viendo una de las entregas de ésta saga… Y es que no hay nada mejor y más reconfortante, para alegrarte el día, que llevarse una sorpresa agradable (muy muy agradable) al ver una película en la que uno no tenía depositadas demasiadas expectativas y que estas son superadas y desbordadas por completo.

Nuestro trío protagonista ya no es aquel que recordamos de la primera entrega, la madurez ya está a la vuelta de la esquina, y eso se nota en el tono, muchísimo más maduro de la obra. Además, Cuaron, imprime a esta tercera entrega un tono mucho más oscuro que su antecesora (al parecer, el tono predominante en el libro). Aquí, la oscuridad impregna los pasillos de Hogwarts, las sombras acechan en cada esquina, los bosques parecen volverse más lúgubres y la lluvia hace incontables veces acto de presencia (la soberbia secuencia del partido de Quiditch (o como se escriba) bajo la lluvia). Nuevas incógnitas y misterios parecen rodear al cada vez más maduro Harry Potter. En este nuevo curso en Hogwarts, un peligro acecha de nuevo: Sidius Black (breve, pero soberbio Gary Oldman), condenado por homicidio, acaba de fugarse de la prisión de Azkaban, donde estaba recluido. Su fuga cobra mayor trascendencia cuando se descubre que Black, tiene intención de ¿matar? al joven Potter, pues un tortuoso pasado en común los une.

La película tiene detalles maravillosos, por ejemplo, la manera en como nos muestra Cuaron el paso de las estaciones… sencillamente magistral. El director mejicano también nos deleita con algunas escenas que, si bien espectaculares, son rebosantes de una gran belleza (el vuelo de Harry Potter sobre el hipo-grifo o la espectacular y ya citada secuencia del partido bajo una lluvia torrencial). Y es que si en la cinta hay algo que sobresale por encima de todo es la, sencillamente insuperable, puesta en escena de la que hace gala el mejicano, pues Cuaron se muestra vistosísimo en el manejo de la cámara, con unos encuadres perfectos y planos que denotan que no estamos ante un Columbus. Como si de un David Fincher se tratase, Cuaron, hace pasar la cámara (con la ayuda, claro está, de la excelente labor de los efectos especiales) a través de ventanales o entre engranajes de grandes relojes, creando una plasticidad que recuerda no poco a la vista en la citada trilogía de Peter Jackson. Las labores en el resto de los apartados técnicos son, simplemente, excelentes: desde la magnífica fotografía, pasando por un prodigioso montaje, unos brillantes efectos especiales puestos al servicio de la historia, una soberbia dirección artística (como en las anteriores dos entregas)… hasta llegar a la magnífica banda sonora de John Williams, que, a diferencia de “Harry Potter y la cámara secreta”, compone aquí la totalidad de la partitura. Cuaron, intercala y combina perfectamente las secuencias puramente dialogadas, con las de pura acción. Con esto, se dota a la cinta de un trepidante ritmo que hace que la considerable duración de la misma, no se note, pues la película, además de ser una buena muestra de cine comercial-calidad, es entretenida de principio a fin.

Las interpretaciones del trío protagonista van mejorando cada vez más, pues cada vez hay mayor experiencia. Los que ya andan sobrados de experiencia no los vamos a descubrir ahora: Alan Rickman y Maggie Smith vuelven a repetir los mismos roles, pero en cambio, hay nuevas incursiones en esta brillante tercera entrega… unas forzadas, las otras no: entre la forzadas vemos a Dumbeldore con el nuevo rostro de Michael Gambon, a causa del triste fallecimiento del gran Richard Harris. También encontramos, bajo unas gafas de grandes aumentos, a una irreconocible Emma Thompson, o al camaleónico Gary Oldman que, aunque tarde mucho en entrar en escena, su presencia se hace imponente.

Aún así, la película también tiene un pequeño “pero”, pues quienes no tengamos ni idea de que va el libro, el desconcierto en algunos pasajes puede hacer acto de presencia (precisamente cuando entra en escena Gary Oldman), pues Cuaron, parece dar por sentado que el espectador tiene alguna que otra idea del libro. No obstante, todo este pequeño embrollo se ve resuelto, dejando pocos cabos sueltos (si es que los deja), en su final.

En fin, que el sabor de boca que siente uno al finalizar la película es muy muy agradable (al menos a mi es el que me dejó) pues “Harry Potter y El Prisionero de Azkaban” es, de un tirón y bajo mi punto de vista, la mejor entrega potteriana hasta la fecha. No sé si la cuarta parte de la saga estará también dirigida por el director mejicano…personalmente, y al margen de la mayoría de críticas favorables que está recibiendo la película, el puesto se lo aseguraría yo por méritos propios… Y es que, como he dicho otras veces, esto es cine comercial, si… pero también de una calidad indiscutible.

Daniel Jiménez Pulido

Es una pena que por mucho Cuarón, la saga cinematográfica de “Harry Potter” no logre levantar el vuelo. Y es que el mejicano ha cambiado las tornas a la serie, pero no ha modificado su calidad: Cuarón mejora aquellas partes donde fallaban las dos primeras películas, pero empeora aquellas donde las otras acertaban, con lo que el resultado continúa siendo prácticamente el mismo (aunque no hay que negar que ésta es la mejor de las tres).

Como bien anuncia el cartel de la película “Todo cambiará”, y realmente es así. La estética de la película da un giro radical, y se vuelve más oscura, más tenebrosa, más acorde con la historia; y sigue siendo igual de buena que en las otras entregas ( lo mismo ocurre con la dirección artística y con la fotografía). También la música da un importante paso adelante y se convierte en una partitura más que notable. Cuarón ha puesto también mucho énfasis en gran cantidad de detalles que dotan a la cinta de una gran calidad visual y de una extraña poesía que no existía en los capítulos precedentes. Hasta aquí todo lo que ha mejorado. Pero en esta ocasión, tanto alarde de personalidad ha traído consecuencias malas a la saga:

En el guión de el prisionero de Azkaban hay mucho más desarrollo de personajes que en las otras, pero sólo unos pocos personajes se benefician de este desarrollo (Harry, Hermione, Severus Snape, Lupin…). El resto, o directamente no salen en ningún momento del film, o quedan perjudicados (pobre Malfoy, cuyo nivel de maldad ha descendido notablemente ara cambiarlo por el de la cobardía). De todas formas, el reparto es de lujo y los actores defienden muy bien sus papeles, aunque el doblaje de los niños siga siendo deficiente.

Además, los (muy buenos) momentos que tiene el montaje (principalmente en los comienzos de bastantes secuencias, y en los planos de transición entre unas y otras escenas) se echan a perder por culpa de otros realmente patéticos (la escena en la casa de los gritos o el autobús noctámbulo, horribles.), y el tramo del film donde mejor se mantiene la tensión y la calidad (el que comienza cuando Hermione pone en marcha su giratiempos) también se pierde por culpa de un final resuelto en 2 minutos y que queda descolgado. No obstante, frente a las peores escenas antes citadas, hay momentos sublimes (el plano de Harry “dentro” del reloj, el dementor en el tren o la escena en el lago), y momentos de gran calidad.

Por eso, al montaje de “el prisionero de Azkaban” le ocurre un poco como a la propia película: es irregular.Su carácter episódico provoca algunos baches de ritmo que no existían en las precendentes. Y es que eso es lo que le ocurre a la película entera. Las otras dos eran menos personales, menos arresgadas, más infantiles y menos adultas..pero eran muy regulares, sin baches, sin altibajos.

Ésta no.

Así pues, “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” es una película cuyos errores se compensan con genialidades, pero el resultado final no es todo lo satisfactorio que debía ser, y como he comentado antes no logra elevar la saga al nivel de otras fantasías actuales como “El señor de los anillos”.

Y hablando de anillos, ¿Por qué han copiado tanto a la película de Jackson en ésta? (las pieras de visión, los planos del escondite en el árbol cuando Harry y Hermione huyen del lobo, la voz de Emma Thomson cuando está poseída, los dementores calcados a los nazgul….¿sigo?)

No sólo eso, en esta peli también hay fotocopias de “Matrix” (el partido bajo la lluvia, el autobús pasando entre otros dos…), homenajes a “Los pajaros”…Miguel Ángel Galán

Hay varias formas de adaptar un libro que se convirtió en culto para algunos de nosotros. Puede ser de modo brillante, con una estética que deslumbre y diálogos que apabulles de soberbia. O puede ser de un modo lánguido y vacío, volcándose al cine que convoca masas por sus efectos vanos.

Harry Potter, en sus dos primeras películas, fue interesante como producto, pero, en lo personal, nunca me sentí identificada con el resultado. Apenas esos atisbos de tenebrismo que se asomaban en la segunda entrega comenzaban a despertar el interés de los seguidores de la saga literaria. Y no porque Harry Potter tenga como mensaje explícito el juego con las sombras y el elemento lúgubre, sino porque en la mayoría de nosotros, esa es la proyección que hacemos al leer las novelas.

Y lo interesante de Cuarón, y el resultado de su trabajo, fue que estéticamente muchos nos sentimos identificados. En lo personal, admito tener una fascinación por un personaje en particular: Remus Lupin, el hombre lobo. Si bien hubo más de un traspié en algunas adaptaciones estéticas de los personajes, en la mayoría de los casos, estos nos transportaron a un submundo de emociones que all menos se asoman a lo que sentimos al hundirnos en las páginas de Harry Potter, y eso es todo un logro.

Ahora sí, la adaptación argumental puede tildarse de torpe, algunos dirían fatídica. A diferencia de las anteriores, me pareció una película hecha para todo público, pero con un mensaje restringido al público medio, o al menos a los que no tienen fresca la historia. Los baches ¨históricos¨ de la película son tan grandes como dolorosos en muchos casos. Quien haya ido a ver la versión de Cuarón sin haber leído el libro, pudo llevarse uan grata sorpresa por el efecto que causan esas imágenes vertiginosas, como el vuelo de Buckbeak. Pero es mucho más interesante ir sabiendo de antemano la historia, y sentir que la película es sólo un aliciente, un calmante para todos los que esperamos con ansia la próxima entrega literaria.

Pero no todo son luces o sombras en la película, y es ese juego entre los aciertos y los errores, lo que hace, al menos de ésta una buena película, más allá de que unos demos por sobreentendido ciertos perfiles de la historia.

Pero, regresando a mi inclinación personal y, creo yo, mostrando en cierta forma lo que otros fans piensan al respecto, debo decir que no hay nada que se disfrute más que ver a un ser querido, así sea ficticio, representarse por un actor que, encima, es versátil y logra imponerse a los desaciertos de un mal asesor de vestuario. David Thewlis, así como Alan Rickman, son, en lo personal, lo más brillante de esta entrega. Y aunque la historia de estos dos personajes haya sido algo relegada y sus infiernos apaciguados por breves intervenciones en el film, son dos de los que más me cautivaron.

Y si de escenas sobresalientes se trata, le doy mis puntos a la incomparable sucesión de imágenes que comienzan con una implacable luna llena, y se detienen en la mirada agónica de un David Thewlis que, pese a todo, supo regalarnos ese calmante que tantos necesitamos, mientras esperamos con titánica paciencia, saber qué será de estos heroes y antihéroes de libros, lanzados a una pantalla, que a veces encandila, y otras hace brillar.Malena Baños Pozzati

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