• Por Antonio Méndez

el hundimiento cartel critica movie review
Dirección: Oliver Hirschbiegel.
Intérpretes: Bruno Ganz, Alexandra Maria Lara, Corina Harfouch, Ulrich Matthes.

Película basada en un libro de Joachim Fest, Traudl Junge y Melissa Müller. Con guión de Bernd Eichinger (“El Perfume, Historia De Un Asesino”, “RAF, Facción Del Ejército Rojo”).

Berlín, abril de 1945, la Segunda Guerra Mundial parece estar terminando con la derrota del ejército alemán. Mientras en las calles de la capital germana se está librando una cruenta batalla final, el líder nazi Adolph Hitler (Bruno Ganz) se encuentra atrincherado junto a sus más allegados en un búnker, entre ellos su amante Eva Braun (Juliane Köhler), con la que decide contraer matrimonio.

Película que narra los últimos días de Adolf Hitler y del régimen nazi en una ciudad de Berlín asediada por el ejército ruso. Parte de un flashback con los recuerdos de una de las secretarias de Hitler y significa la lealtad, el sacrificio y el honor en el fracaso desde variados puntos de vista.

el hundimiento fotosEntre sus aspectos más destacados se encuentra la singular humanización de su personaje central en un propósito totalitario y obsesivo, las interpretaciones de todo el reparto, en especial Bruno Ganz y Juliane Köhler, y la mesura descriptiva de una situación límite en ambiente claustrofóbico con el desilusión y la decadencia en primer plano.

Aunque podría moderar ciertas redundancias, es equilibrada en sus reflexiones y emociones, rica en caracteres y no resulta gratuita ni efectista en su exposición. Recomendable.

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Bruno Ganz


Berlín, mes de abril de 1945. El ejército ruso avanza en sus posiciones para hacerse con el control de la ciudad a pesar de los esfuerzos inútiles y desesperados de la defensa nazi. En el búnker de la Cancillería, los días transcurren entre la incredulidad de la derrota, la distracción y el entretenimiento con otros asuntos ajenos a la guerra que hagan olvidar lo desesperado de la situación y la terca y demente opinión del Führer intentando convencer a sus hombres de que no está todo perdido.

Echando un vistazo a la filmografía que trata de la Segunda Guerra Mundial, se puede constatar lo prolífico de la misma. No obstante, la narración de los últimos momentos del “Napoleón del siglo veinte”, no había sido abordada de una manera tan extensa y prolija. Si Roberto Rossellini en la conmovedora “Alemania, año cero” (1947), nos reflejaba la vida en Berlín una vez defenestrado el régimen nazi, Olivier Hirschbiegel da un paso atrás en el tiempo y relata los últimos días de la jefatura militar alemana en Berlín, más concretamente, en el búnker que Hitler se hizo construir en el jardín de la Cancillería. Parafraseando el título del director italiano citado, bien podría rebautizarse esta película como “Berlín, el punto y final” o, “Berlín, entrada en barrena”.

Partiendo de un guión de Bernd Eichinger (aquí también en labores de productor) que adapta dos libros, uno del autor alemán Joachim Fest y otro de la propia Traudl Junge, secretaria de Hitler, (aunque bien podrían añadirse, por coincidencia en los hechos, algunos libros más, como por ejemplo, el recomendadísimo “Memorias” de Albert Speer), Hirschbiegel afronta el reto de trasladar a imágenes unos hechos históricos de sobra conocidos por todo el mundo. Quizá por este motivo, la recreación que del

filme se hiciera sería fundamental para dictaminar la valía del trabajo del director alemán. En este aspecto, Hirschbiegel logra transmitir, ya sea por la extraordinaria interpretación del elenco de actores, o bien por la magnífica producción artística, toda la crudeza de esos últimos estertores del régimen y, en definitiva, el descenso a los infiernos de la cúpula del Tercer Reich.

Si se alude a la interpretación, no hay que pasar por alto la labor de Bruno Ganz en el papel de Adolf Hitler. Precisamente cuando en este tipo de películas el peso dramático y la atención, minuciosa y curiosa, del público se centra en un personaje tan llamativo, es difícil salir exitoso de la tarea. Ganz lo consigue metido de lleno, física y mentalmente, pero a la vez de forma contenida, en el personaje del Führer.

Por citar algún defecto, apuntar la falta de uniformidad en el relato de los hechos, causada por estructurarse el guión en dos fuentes. En el prólogo, Traudl Junge nos coge de la mano para adentrarnos en la historia y, de hecho, es ella misma la que protagoniza el epílogo. No obstante, en muchos de los pasajes el punto de vista de Junge desaparece, por su obvia ausencia en los acontecimientos.

A lo largo de la trama de “El hundimiento”, no hay oportunidad de que el espectador llegue a esbozar una ligera sonrisa, todo es estremecimiento ante tanta miseria humana. Quizá al final de la película quede el consuelo de que, al lado de tanto horror causado por lo peor del hombre (emotiva la secuencia de la mirada incrédula de Albert Speer, ante su obra arquitectónica destruida), pueda sobrevivir lo mejor, representado a través de esa escultura que surge intacta en el jardín de la Cancillería y es admirada por Eva Braün y Traudl Junge, en un pequeño receso de los bombardeos efectuados por los aliados en la asediada Berlín.

Alberto Alcázar

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