Melodrama de ambientación post-bélica muy conseguido en su funcionalidad de denuncia antibelicista, describiendo para ello las terribles condiciones de vida y desesperación, siempre con mensaje esperanzador, de los llamados niños de la guerra, pequeños que han perdido a sus padres y que han crecido y sufrido el horror de la violencia, la barbarie, la falta de cariño y educación, estigmatizándolos de por vida, una vida que transcurre entre edificios ruinosos, calles desiertas y vehículos militares.
Un magnífico título lleno de realismo poético y sensibilidad. La relación establecida entre Monty Clift y el niño resulta sumamente encantadora y las acciones paralelas de desconsuelo y búsqueda están muy bien manejadas por Zinnemann concediendo al relato emoción, tensión, suspense y ternura. Como la historia por lógica tiene que contar con un final previsible, son los recovecos y ropaje de la historia la que debe adquirir la fuerza necesaria para transmitir esos sentimientos. La verdad es que lo consigue, con momentos de un vigor emocional irresistible, aunque a veces, Zinnemann supedita la acción al tono y no el tono a la acción. Otro punto que perjudica a la película es el exceso en la utilización de la voz en off. Aún así, el film es muy recomendable y admirable por su acusación de una situación que jamás debería volver a repetirse. Sobresaliente actuación de Clift (siempre un gran actor) y de Aline MacMahon, la benévola superintendente del centro de recogida.
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Fred Zinnemann
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