“Como agua para chocolate” (1989) cuenta con el protagonismo principal de la sensible y romántica Tita, la más joven de tres hermanas que verá como su amado Pedro se casa con su propia hermana Rosaura mientras ella tendrá que ocuparse de la cocina y de su madre, Mamá Elena, al respetar la tradición de que la hija menor tendrá que permanecer soltera al lado de su progenitora.
Con esta primera novela, más de realismo hechizante que de realismo mágico, Laura Esquivel se reveló como una estupenda y sutil contadora de historias, tratadas con sensibilidad, ausentes de retórica onanista, y complejas en emociones, habiendo lugar para el romanticismo, el humor y el drama.
Con este libro, narrado en tercera persona de manera omnisciente por la sobrina-nieta de Tita y con cada capítulo introducido por una receta de cocina, se vincula con talento la sensibilidad de la protagonista y el proceder culinario. El título de la novela, que hace referencia al punto de ebullición del agua para derretir el chocolate, va ligando a la pasión amorosa y a cualquier tipo de paroxismo y exorcismo emocional.
Ambientado en tiempos de la Revolución Mexicana, el libro presenta un rico retrato femenino y una crítica social a una comunidad machista y represora, que tanto parece ser influenciado por “La casa de Bernardo Alba” de Federico García Lorca como por la “Cenicienta” de los Hermanos Grimm o Charles Perrault, siendo la villana-bruja-antagonista de esta intensa y cautivadora historia el personaje reprimido de Mamá Elena, que intenta expandir su represión a Tita.
Amor imposible, choque generacional con especial incidencia en la relación materno-filial, y temas como la rebeldía, la libertad o la independencia, perpetrados desde un microuniverso doméstico.