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Con esta primera novela, más de realismo hechizante que de realismo mágico, Laura Esquivel se reveló como una estupenda y sutil contadora de historias, tratadas con sensibilidad, ausentes de retórica onanista, y complejas en emociones, habiendo lugar para el romanticismo, el humor y el drama.
Con este libro, narrado en tercera persona de manera omnisciente por la sobrina-nieta de Tita y con cada capítulo introducido por una receta de cocina, se vincula con talento la sensibilidad de la protagonista y el proceder culinario. El título de la novela, que hace referencia al punto de ebullición del agua para derretir el chocolate, va ligando a la pasión amorosa y a cualquier tipo de paroxismo y exorcismo emocional.
Ambientado en tiempos de la Revolución Mexicana, el libro presenta un rico retrato femenino y una crítica social a una comunidad machista y represora, que tanto parece ser influenciado por “La casa de Bernardo Alba” de Federico García Lorca como por la “Cenicienta” de los Hermanos Grimm o Charles Perrault, siendo la villana-bruja-antagonista de esta intensa y cautivadora historia el personaje reprimido de Mamá Elena, que intenta expandir su represión a Tita.
Amor imposible, choque generacional con especial incidencia en la relación materno-filial, y temas como la rebeldía, la libertad o la independencia, perpetrados desde un microuniverso doméstico.
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