En cine, como en literatura, atrapar la atención del espectador/lector desde
el prólogo, es fundamental a la hora de conseguir que se convierta en
testigo principal de la narración de unos hechos. En arte cinematográfico
tenemos célebres ejemplos: en el pasado, “Sed de mal”, de Welles, y más
recientemente, “Ojos de serpiente”, de Brian De Palma. Pues bien, entre
ambas películas podemos encontrar la secuencia inicial de “La
conversación”. Un larguísimo y lento picado, iniciado a vista de pájaro y
que, poco a poco, va fijando la cámara sobre un mimo en una concurrida y
amenizada plaza de la ciudad de San Francisco.
Próximo al personaje del mimo, y como comienzo del relato, está el
personaje de Harry Caul (Gene Hackman), detective privado, músico de
jazz en sus ratos libres y católico recalcitrante con una acendrada
culpabilidad por los daños colaterales causados por su profesión
(admírese la secuencia del confesionario). En clave cómica, pudiera
parecernos un personaje sacado de la factoría de Woody Allen.
Efectivamente, la personalidad de Hackman tomará el discurso narrativo de
la película, sintetizándose en la imagen de un choque de trenes: por un
lado, el expreso profesional de alta cualificación, con destino a la cumbre
del sector de la seguridad privada, y por otro, el mercancías introversión e
inseguridad emocional, con llegada al abismo insondable de las tinieblas
humanas.
Para aquellos que puedan tener sus reticencias para sentarse y ver la
película, que sepan que, dentro de la carrera de Coppola, la misma se sitúa
entre “El Padrino” y “El Padrino II” (a continuación rodaría “Apocalypse Now”),
casi nada. Es decir, el estro de Coppola se encontraba en su cúspide.
Si dicho argumento no fuera del todo convincente, indicar que Coppola se
apoya en intérpretes sólidos y de su confianza: Cazale, Duval y un
jovencísimo Harrison Ford, entre otros. Mención aparte para el gran
Hackman. Si en muchas de sus películas le reconocemos por representar a
tipos que están de vuelta de todo (Popeye Duke en “French Connection”, o el
sheriff Little Bill Baggett en “Sin perdón”), la inestabilidad emocional que
inyecta al personaje de Harry Caul y que hace creíble al propio espectador,
da como resultado que una vez más se tenga que reivindicar su figura y
colocarla en lo más alto del panorama interpretativo cinematográfico.
Alberto Alcázar
Las GUÍAS DE POP Y ROCK Años 50-60-70-80-90. Elvis, Beatles, Stones, Led Zeppelin, U2, REM... [+] Infórmate.
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