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Aunque el coreano Kim Ki-duk lleva haciendo películas desde el año 1996,
por estos pagos hemos empezado a conocerle hace relativamente muy
poco. Primero con "Primavera, verano, otoño, invierno.y primavera"
(2003), después con "Samaritan Girl" (2004) con la que ganó el Oso de
Plata en Berlín, y ahora se estrena en nuestras pantallas la también
premiada en Valladolid y Venecia, "Hierro 3".
Para aquellos poco duchos en la práctica deportiva, aclarar que el título no
tiene connotaciones ganaderas, sino que se trata de uno de los palos de
golf que todo jugador avezado debería llevar en su bolsa. Precisamente
ese palo le servirá a nuestro protagonista para ejecutar algunos golpes
certeros fuera del recinto de juego (y que no serán para lanzar la bola a
larga distancia, que es para lo que sirve el instrumento de marras).
Kim Ki-duk en "Hierro 3" nos hace una propuesta original, tanto en el fondo
como en la forma. Partiendo de un brillante guión, en el que resalta el
mutismo de los amantes y un fino sentido del humor, nos presenta un relato
soberbio en el que combinando la infracción legal y reconvención moral
que supone la invasión de la intimidad, finaliza con una concluyente
absolución del inculpado por la excepcionalidad que supone su
comportamiento legítimo.
Justamente en el epílogo, Kim Ki-duk nos inserta una frase calderoniana
donde las haya ("Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o
realidad"), dejando sembrada la duda respecto a si realmente hemos
asistido a una narración cierta, o bien es fruto de un episodio onírico de
alguno de los personajes creados por su magín, como igualmente pudiera
suceder en "La mujer del cuadro" (1944) de Fritz Lang, o en la más
cercana, "Mulholland Drive" (2001) de David Lynch.
Alberto Alcázar
Pocas veces una imagen vale más que mil palabras, y aun en menos ocasiones el silencio cobra entidad propia como lo hace en esta película, en la que realidad y sueño se entrelazan de tal manera que se hace imposible para el espectador separarlos. Partiendo de una premisa original y singular, pero aún realista, el director de "La Isla" y de "Primavera, verano, otoño y... primavera" vuelve a sorprender con una fábula sobre la soledad y sobre como la soledad puede desaparecer si es compartida, una historia surrealista y mágica en la que lo de menos es lo que ocurre o no ocurre en realidad. Sin evitar caer en los brazos de lo absurdo, Kim Ki Duk pide al espectador que imagine, que le ayude a reconstruir aquellas partes del film que se ocultan al espectador o incluso aquellas que a priori carecen de sentido, y así, consigue algo que sólo es posible en el mundo del séptimo arte, una plena identificación con dos personajes marginales, asociales y silenciosos. ¿Cuando antes un protagonista, sin ser específicamente mudo, puede pasar los 95 minutos de metraje sin decir una palabra? ¿Cuando antes el prototipo de antihéroe, ajeno a las exigencias de la sociedad actual, puede resultar tan atrayente?
En resumen, con esa sensibilidad oriental que aún nos es, desgraciadamente, lejana y ajena, "Hierro 3" se convierte en la confirmación de su autor como uno de los grandes cineastas asiáticos del momento y se revela como una pequeña joya, una auténtica obra de arte.
Eva Pesquera
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