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En manos de un artesano del estudio como es Robert Stevenson, la película, a la que muchos tachan despectivamente de cursi sin saber apreciar que esa es una de sus principales virtudes, junto a buena parte de las composiciones de Richard y Robert Sherman, convertidas en auténticos clásicos de la canción infantil, comparte, en el desarrollo de esta historia llena de buenos sentimientos basada en el personaje creado por P. L. Travers, momentos memorables por su conjunción de fantasía, humor y candidez con otros realmente cargantes en su esencia de acomodo familiar con personajes infantiles de protagonistas.
Dentro de esos mejores momentos, permanecerán en la memoria las indelebles secuencias del paseo por la pintura realizada por Van Dyke, en el que los personajes de carne y hueso se mixturan con dibujos animados, creando un fascinante conjunto repleto de color, magia, ingenio y fantasía.
Simplemente por ese maravilloso pasaje merece la pena revisitar este gran clásico.
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Julie Andrews
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