• Por AlohaCriticón

DIAMANTES PARA LA ETERNIDAD (1971)

Dirección: Guy Hamilton.

Intérpretes: Sean Connery, Jill St. John, Charles Gray, Lana Wood.

Mientras James Bond (Sean Connery) está buscando venganza contra Blofeld (Charles Gray), en Sudáfrica y

Holanda se contrabandean diamantes masivamente. El gobierno británico, en su

preocupación, decide asignar la investigación a Bond con el fin de seguir

la ruta de los diamantes y averiguar el eventual propósito del enigmático

hombre detrás de la operación, un magnate de las Vegas llamado Willard

Whyte (Jimmy Dean).

Sean Connery regresa para encarnar por ultima vez (oficialmente) al

personaje que lo condujo al estrellato, luego del fracaso comercial de la

cinta previa y la renuncia de George Lazenby, quien solo calzaría los

zapatos del 007 por una ocasión.

También regresa el director francés Guy Hamilton, luego de llevar al cine

Goldfinger, la tercera entrega de la serie. Esta vez Hamilton se enfoca más

en el humor y deja a un lado la psicología del personaje de Fleming, a

excepción del misterioso prólogo, en el que James Bond acecha a varios

personajes en busca de venganza.

John Barry compone una admirable banda sonora, contando por segunda vez con

la inigualable Shirley Bassey en el tema principal. Ken Adam vuelve a lograr

un óptimo trabajo en los decorados, al igual que Ted Moore en la fotografía

y Maurice Binder en los créditos principales.

A Richard Maibaum en el guión se le une Tom Manckiewicz, quien volvería a

escribir los textos de dos cintas más del espía británico. Ambos descartan

la mayor parte de la trama de la novela de Fleming, de la que solo comparten

algunas locaciones, pero parten curiosamente de un sueño que tuvo el

productor Albert Broccoli, en el que James Bond tenia un encuentro con el

misterioso magnate Howard Hugues, amigo intimo de Broccoli; también se

adiciona a Blofeld, suprimiendo a los villanos de la novela, los hermanos

Spang; pero mantienen a la hilarante y malvada pareja de homosexuales Mr.

Kidd y Mr. Wint, quienes protagonizan algunas de las escenas más memorables

de la cinta.

Con el fin de atar cabos (y dejar otros sueltos) regresa por tercera vez

consecutiva el infame Ernst Stavro Blofeld, esta vez encarnado con

carismática villanía por Charles Gray, quien se luce en el papel, a pesar de

que ya había participado en un rol secundario de un filme anterior de Bond.

Las chicas Bond de esta aventura son la contrabandista pelirroja Tiffany

Case y la exuberante Plenty O’Toole, quienes dan así inicio a una serie de

féminas Bond de carácter más débil y/o torpe que las anteriores coestrellas,

quienes destacaban no solo por una apabullante belleza, sino también por

alguna destreza intelectual o instintiva.

Aunque no se explaye en la psique del personaje central, como ocurrió en la

anterior cinta, y de contener una trama más fantástica que las anteriores,

enfocada con frivolidad y desinterés, Diamonds are forever mantiene un

ritmo ágil, lúdico y entretenido, exaltando a Connery como el Bond original,

y conteniendo momentos dignos de mención, como las andanzas de Mr. Wint y

Mr. Kidd, el encuentro de Bond con Blofeld y su clon, la visita a la

funeraria de Morton Slumber, la lucha cuerpo a cuerpo con Peter Franks en el

elevador, la presentación de Bambi y Thumper, el ya mencionado prologo, y

la explosiva y jocosa escena de clausura a bordo del Queen Mary.Pierluigi Puccini

Enlaces

Sean Connery

Jill St. John

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