• Por AlohaCriticón

007 AL SERVICIO SECRETO DE SU MAJESTAD (1969)

Dirección: Peter R. Hunt.

Intérpretes: George Lazenby, Diana Rigg, Telly Savalas, Gabriele Ferzetti.

Película basada en una novela de Ian Fleming. Con guión de Richard Maibaum (“Diamantes Para La Eternidad”, “Operación Trueno”) y Simon Raven (“Vampiros”).

James Bond (George Lazenby), con el objetivo de encontrar a Ernst Stavro Blofeld (Telly Savallas), conoce y se enamora de Tracy (Diana Rigg), la hija de un constructor que también se dedica a asuntos mafiosos (Gabriele Ferzetti). Aunque termina apartado del caso, Bond termina hallando a Blofeld en los alpes suizos, lugar en donde ha creado una clínica con propósitos poco saludables.

George Lazenby se vistió de esmoquin, jugó en el casino, ligó como nunca, lució falda escocesa, esquió y bebió martinis en esta sexta aventura de James Bond, una película significada por la ausencia de un Sean Connery que regresó al personaje que le dio fama internacional poco después para rodar “Diamantes Para La Eternidad”.

Al margen de la deserción puntual de Connery, esta película con canción de Louis Armstrong (sonando en mitad del film) es importante por el esfuerzo de sus autores en proporcionar mayor sensibilidad al otrora imperturbable y desenfadado héroe británico y eludir un final convencional, dotándole de aspectos taciturnos y trágicos sin perder dosis de cinismo.

Lazenby exhibe capacidad para las artes marciales y aunque más hierático y seco que Sean Connery, concede empaque y dignidad al personaje. Peter Hunt maneja con artesanía y ritmo las secuencias de acción, principalmente las desarrolladas en escenarios suizos.

Tiene elementos para resultar disfrutable, en especial para los seguidores más acérrimos de Bond, pero hay partes dilatadas en exceso y la intriga no deja de ser menor, incluso con actitudes no acordes con la base romántica del film, y más preocupada en su orientación emocional (incluso efectista) que en la propia funcionalidad de la trama como escapismo de espionaje sofisticado.

James Bond (George Lazenby) continúa su investigación, siguiendo el paradero de Ernst Stavro

Blofeld (Telly Savalas). Para esto contara con la ayuda del líder criminal Marc-Ange Draco (Gabriele Ferzetti),

y de paso, conocerá a su hija, la bella pero aparentemente inalcanzable

Condesa de Vicenzo (Diana Rigg). Más tarde, Bond descubrirá la intención de Blofeld de

amenazar la salud y la economía global utilizando a un grupo de mujeres o

“ángeles de la muerte”.

Otra obra maestra dentro de la serie Bond, dirigida por Peter

Hunt, el antiguo editor de la serie, quien logra el más fiel acercamiento a

la novela de Ian Fleming, con guión de Richard Maibaum, y presentando por

primera vez un nuevo rostro para el agente 007, el antiguo modelo masculino

y vendedor de autos australiano George Lazenby, sin una formación dramática

previa, pero llenando los zapatos del gran Sean Connery con una acertada

interpretación, que para el epilogo requirió una emotividad jamás vista en

el personaje.

La bella protagonista de la serie “The Avengers” Diana Rigg se une al

reparto de esta cinta, en la que interpreta a Teresa “Tracy” De Vicenzo, la

hermosa, rica, rebelde e impredecible hija de Marc-Ange Draco, el líder de

la organización criminal Corsa.

Sin el regreso de Donald Pleasence, Telly Savalas hace lo suyo como un

resquebrajado Ernst Stavro Blofeld, luego de que sus anteriores planes

fuesen frustrados por James Bond, y la organización criminal SPECTRE

sucumbiese frente a la oportuna acción del 007 y sus aliados.

John Barry compone tal vez su mejor partitura hasta la fecha, contando con

una versión instrumental para los memorables títulos de Maurice Binder y

escribiendo junto a Hal David la bellísima e imperecedera balada romántica

que simboliza perfectamente la unión del solitario James Bond y su

atormentada amante Tracy, “We have all the time in the world” interpretada

por un inspirado Louis Armstrong. Tristemente esta seria la ultima canción

que grabaría antes de fallecer.

Michael Reed consigue una de los mejores trabajos fotográficos en la serie,

apoyado por el fastuoso diseño de producción de Syd Cain y la fotografía

aérea de Johnny Jordan, veterano de la serie, quien perdería una pierna en

la secuencia “Little Nellie” del anterior film. Regresa John Stears como

supervisor de efectos visuales, y como nueva adición se encuentra John Glen,

a cargo de la elaborada segunda edición y montaje. Más tarde, Glen se

convertiría en director de cinco filmes Bond.

Los momentos memorables son incontables en esta cinta, destacando el

fascinante prologo, donde hace su entrada el nuevo Bond, quien no solo se

presenta con la mítica frase “Bond, James Bond” sino que además observa

directamente a la cámara y pronuncia un rotundo: “This never happened to the

other fellow”, haciendo una jocosa referencia al cambio de actores; la

renuncia de Bond al servicio secreto; o el, por mucho, devastador epilogo,

en que el pasado de James Bond, el misterioso, melancólico, encantador,

mujeriego, cauteloso pero erróneamente catalogado como “insensible” espía

británico, regresa para cobrar la maldición a la que deberá acostumbrarse

por los días que le queden de vida, indiferente al dolor abismal que

experimente su atormentada y recóndita alma.

Obviando las increíbles escenas de acción a las que estamos acostumbrados,

esta es la cinta más sensible y humana que se conoce sobre el personaje más

grande de todos los tiempos, un personaje de sueños y placeres improbables,

pero no imposibles, un arquetípico héroe de la modernidad, y de todos los

tiempos, un hombre cuyo trabajo es apostar su vida bajo el acoso de

ambiciosas mentes diabólicas, y de surcar miles de peligrosas aventuras

alrededor del planeta, salvando el día sin que se le premie, y llevándose a

una hermosa damisela a una confortable cama, y bebiendo champagne Bollinger,

o un Martini, agitado, pero no revuelto.Pierluigi Puccini

Puntuación

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