Basado en una obra de Joanne Harris, el director sueco Lasse Hallstrom despliega con gran tacto cinematográfico esta fábula moral sobre la intolerancia, la represión y sobre todo, la liberación, una dulce libertad de pensamiento y de acción que deshaga las ataduras de la terquedad y el reaccionarismo.
La trama acontece en un pequeño pueblo francés, pero podría acaecer en cualquier lugar del mundo debido a la universalidad de su materia. Aunque en los créditos aparezca destacado el nombre de Johnny Depp, éste no es más que un actor de carácter secundario que aparece tardíamente incorporando a un personaje de escaso peso en el film, ya que simplemente sirve para acondicionar el reparto con una célebre estrella masculina. Su aportación a la materia es poco relevante, meramente ofrece un punto romántico al film y un apoyo crítico en su actitud libertaria (mejor espoleada por el personaje femenino principal) frente a la inmovilidad de las fuerzas vivas del lugar. Además, desde su aparición, el film pierde la maestría con la que se estaba desarrollando, ya que deparaba elementos dramáticos dentro de una tonalidad cómica muy conseguida y justo con la aparición del personaje de Depp el film gira y se convierte en un film dramático con puntuales dispositivos de comedia, siendo esa gradación dramática menos conseguida que la humorística.
Sí que es muy destacable el excelente tratamiento en la realización y narración de Hallstrom, otorgando brío a la par que elegancia a la historia, tanto en su capacidad descriptiva de ambientes como de personajes, interpretados excepcionalmente por todos los intervinientes, en especial Juliette Binoche y una sensacional Judi Dench. Entre el reparto de actrices (todas excelentes) y para los más cinéfilos, reseñar la figura de la entrañable Leslie Caron, protagonista de títulos como "Gigi" o "Un americano en París".
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