• Por AlohaCriticón

SPIDER (2002)

Director: David Cronenberg

Intérpretes: Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel Byrne, Lynn Redgrave.

Spider (Ralph Fiennes) es un muchacho de mente inestable que queda marcado cuando su propio padre asesina a su madre de manera brutal, reemplazando su presencia por la de una prostituta.

Tiempo después Spider reside en un psiquiátrico hasta que es dado de alta. A partir de ahí vivirá en un hospicio, lugar en donde no recibe la atención necesaria.

Hay dos escenas de Spider que la resumen entera. En una aparece un rompecabezas. En la otra, un cristal resquebrajado (que a su vez se asemeja también a un puzzle), con uno de sus fragmentos manchado de sangre, del al igual que los recuerdos del una vez más atormentado Ralph Fiennes no encajan.

David Cronenberg se aparta de su línea habitual para mostrarnos los vaivenes de la mente humana desde una perspectiva distinta, intimista y cercana, con una cámara detallista, que sin diálogos ni voces en off hace que cada plano, cada escena valga por mil palabras.

Ese es el reto y el éxito de esta cinta, que nos muestra en primer plano la pobredumbre (no solo mental) en la que Fiennes se ve sumido, y cuyo pasado se va reconstruyendo poco a poco, siempre desde su deteriorado punto de vista, con un esfuerzo notable por parte del actor, que llena buena parte de la película sin tener apenas diálogo, pero sin caer en histrionismos o tics manidos.

Mención aparte también para el conseguido entorno, lúgubre, inhóspito, hueco y frío, casi como una proyección de los personajes, reforzado por una sencilla pero eficaz banda sonora de Howard Shore y una muy buena fotografía de Peter Suschitzky.

Estamos ante lo que se suele denominar una pequeña obra maestra, una pequeña joya para paladares finos y espectadores sagaces, una historia por descubrir delicada, oculta y terrible, de las que dejan huella. Chapeau.

Esclarecido

Cine que nos invita a involucrarnos como espectadores a una historia donde las realidades se cruzan y la visión se nubla, es la vigilia del espectador lo que hace que el producto funcione, son las exigencias de la película lo que le hace aún mejor.

Es un filme donde se nos muestra la historia desde una perspectiva interesante y muy callada, el diálogo se desvanece para abrir paso al la visión donde se entrelazan las ideas a semejanza de una telaraña no sólo de pensamientos, sino de emociones y sobre todo de sentimientos, sin embargo, a pesar de que el guión no nos habla directamente, dejando gran carga a la interpretación de las escenas, el filme no se nota desequilibrado e impacta con su final.

Lo más impresionante es el trazo de su trama que no se aferra a lo ficticio, sino a un conocimiento concreto donde el psicoanálisis que hace el espectador hacia el personaje principal es lo que cuenta, nos hallamos ante una historia tan verídica como establecida en algún libro de psicología, hablamos de un producto que puede ser tomado como didáctico y de recreación, es un desafío para quien lo visione.

David Cronenberg sabe acogernos y ambientarnos, se enfoca en atrapar nuestro interés y lo logra, tiene talento y lo sabe usar, sabe dirigir a sus actores, desde Miranda Richardson que se muestra multifacética, poseyendo un amplio repertorio en lo histriónico que deleita al público cuando actúa, siempre dirigida por la credibilidad, sin ser reconocida como otras personalidades del cine logra acaparar la atención, así como Gabriel Byrne que con una considerable carrera en este el séptimo arte no ha sido reconocido como debería, a pesar de esto brinda trabajos más que aceptables, hasta el mismo Ralph Fiennes logra superarse, obteniendo y brindando una de sus mejores actuaciones en el momento.

¿Pero que es lo que supuestamente falla?, ¿lo que brinda incertidumbre?; no es sólo la historia lo que me ha golpeado como tal, sino lo mal acostumbrado que estoy, pues al final de estos productos casi siempre tenemos una breve explicación, como sería el caso de “Psicosis”, alguien (personaje), algo (mediante imágenes o escenas) o alguna voz nos explica fugazmente el jiro final o nos plantea la historia de forma clara y bien situada, en el caso de “Spider” esto no ocurre, pues no hay necesidad de hacer esta acostumbrada remembranza, la historia se explica sola, sea tal vez que necesitemos poner demasiada atención para poder captar algunos asuntos y así descifrar el relato. Aunque a mi perspectiva debemos tener algún conocimiento en el área de psicología, pues podemos suponer lo que alberga a nuestro personaje, sin embargo no podemos dar el término adecuado, ya sea desde el Edipo, la esquizofrenia, la paranoia, hasta el delirio, conceptos que tal vez no podamos definir en ese momento a falta de algún conocimiento personal, sin embargo en la trama se muestran si mucho tecnicismo.

Por último debo decir que nos encontramos ante una notoria evolución de los productos dedicados al tratado de la mente, algo más allá de la subjetividad vanagloriada por muchos medios, aquí tenemos una muestra de como se debe ejecutar el cine contemporáneo evocado al tratado psicológico de su personaje, lejos de la ficción, acogiendo la realidad.

Lucio Rogelio Avila Moreno

Spider, un joven de mente frágil e inestable, confinado a una institución de

ayuda psiquiatrita en Inglaterra, inicia un viaje mental en el que visualiza

la idílica relación que mantenía con su ya fallecida madre, al igual que el

conflictivo trato con su padre, de quien nunca recibió, ni al que tampoco

brindó jamás alguna clase de afecto.

Intrincado drama psicológico, plasmado minuciosamente y con exquisita

sutileza por el famoso “rey del terror venéreo o quirúrgico”, el

controvertido e interesante cineasta canadiense David Cronenberg.

Como es costumbre en el proceder cinematográfico de Cronenberg, la cinta se

enfoca en un personaje central obsesionado por el encuentro con su propia

identidad, conflictiva, aun desconocida, e incluso incierta.

Narrada desde la vertiginosa percepción de un enfermo mental, interpretado

magistralmente por Ralph Fiennes, quien nos sumerge en las constantes

visiones de una persona trastornada, inestable, y rica en paradojas; a quien

su culpa existencial lo lleva a recoger los fragmentos de su resquebrajada

mente, viajando a una problemática infancia, en la que vivió en carne propia

sucesos como el complejo de Edipo, la indiferencia de su padre, o la

desgarradora y trágica muerte y eventual “sustitución” de su progenitora.

Una de las mejores obras de su realizador, en la que cuenta con el apoyo de

un gran guión de Patrick McGrath, autor de la novela, la plácida fotografía

de Peter Suschitzky, y una elaborada y melancólica partitura de Howard

Shore.Pierluigi Puccini

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Ralph Fiennes

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