Las películas de contenido social suelen contar casi siempre con el reconocimiento y aplauso crítico, en su mayoría personajes aclimatados en falsas y aburridas aposturas intelectualoides, panzas bien cultivadas, espaldas cubiertas y maneras vitales aburguesadas, contrastadas en la oscuridad temporal de una sala con imágenes de desabrido corte naturalista y ajuste ácido y burlón, agitadoras de conciencias desligadas en su naturaleza de cuna pudiente a la causa y personajes retratados, no en su esquematismo ideológico de hipócrita asimilación por su desapego, que nace de una dualidad entre conservadurismo existencial y lógica preocupación contemplativa.
Al margen de ello, lo cierto es que "Los lunes al sol" es una película soberbia, por la plasmación realista en múltiples facetas del díficil contexto humano del parado, con sus angustias, miedos, ansias e inquietudes pero también con sus parajes de esperanza y humor embebido de acrimonia.
Todo ello sería en vano si el tacto empleado por León de Aranoa en su expresión cinematográfica no consiguiera trasladar con talento su diatriba sobre el difícil problema del trabajo, cimiento principal del desarrollo del ser humano, coartado muchas veces por políticas despreocupadas y desnutridas en intereses sociales.
Si cayese en los errores acostumbrados en este tipo de filmes (naufragando en el mero panfleto ideológico, esquematismo general, etc), su fuerza discursiva perdería eficacia y valor, pero el dominio del retrato coral resulta admirable, las acciones, diálogos y personajes se alimentan de experiencias encontradas en el mundo real, sin el despliegue de ínfulas artificiales, maniobras tramposas, situaciones efectistas o caracteres recargados.
Es una exposición sencilla, sincera y honesta, plena de intensidad y emoción, una estampa de trascendencia vital soberanamente interpretada.
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Fernando León de Aranoa
Javier Bardem
Luis Tosar
Fernando Tejero






Al margen del tratamiento cinematográfico de León de Aranoa, siempre fresco y con un cuidadoso uso de la encuadre del que Barrio y Familia eran finos ejemplos, el director madrileño nos ofrece otro agitador caleidoscopio de conciencias judeo-cristianas con la relación familiar como telón de fondo nuevamente. Ahora con el problema del paro como protagonista.
Sin alaracas del tipo Full Monty, Los Lunes al Sol nos muestra las caras más amargas del paro forzoso a partir de una relativa edad.
León de Aranoa dibuja las multiples "opciones" que le queda al mayor de 40 años: utilizar el dinero del despido para invertir en negocios de dudosa rentabilidad, arrastrarse por las oficinas del INEM y por las empresas pidiendo trabajo, tirarse a la bebida o malvivir, o trabajar en empleos inferiores.
Sin embargo creo que el tema central vuelve a ser la familia. Si en Familia el tratamiento era demoledor desmontando relaciones sociales, sexuales y los respectivos roles juedo-cristianos entre los diferentes parentescos, Barrio resultaba un catálogo de relaciones reales y complejas entre adolescentes y sus familias.
En Los Lunes al Sol una situación límite como es la falta de empleo puede llevarte a la degradación de la relación de pareja, llevando incluso al suicidio o al complejo de inferioridad frente a tu pareja, en definitiva a la desesperación por el abandono de ésta.
Las mujeres de los parados no aparecen en cuatro de los cinco protagonistas de la película, y la que aparece, finalmente se queda con uno de los protagonistas por compasión: la familia aparece o fragmentada o inexistente. Amor y Paro dificil matrimonio.
Rubén J Gutiérrez d'Aster






Yo ya les veía cada lunes (o martes, o jueves) a los parados de mi barrio.
Ya les veía y sabía lo que eran: hombres que se habían quedado sin trabajo y que difícilmente, por diversas, circunstancias encontrarían otro a corto plazo.
Les veía en las puertas de los bares o en los bancos de las achacosas zonas llamadas verdes de la ciudad, les veía paseando por las afueras, cerca de la vía del tren, cerca del río con sus aguas agrisadas de vertidos industriales.
Y eran ellos mismos un poco como esos vertidos industriales... desechados sin más, sin reciclaje. Les veía y como no soy de todo tonta adivinaba su realidad tanto o más como la adivina y la cuenta Fernando León de Aranoa.
Lo que no había adivinado nunca era la poesía y lo digo a pesar de las sonrisas que la palabra pueda arrancar de los escépticos rostros de espectadores, realizadores de cine, críticos o parados.
No me refiero en ningún caso a que haya descubierto belleza ni sentido estético a la desgracia del desempleo, a la indignidad, ni a la miseria del ser menos que nadie...
Quiero decir que no se me había ocurrido nunca que en el callar y soportar, en el joderse de cada día hay un valor más emotivo que en esas historias de caía y resurrección, de superación y lucha a las que tan acostumbrados nos tienen la madre literatura y el tío cine.
Con un reparto de lujo (Bardem transformándose una vez más en algo que no es Bardem, ¡bravo! y me atrevo a la comparación con De Niro porque no es odiosa, es que es así) y con una dirección justa, cuidadosa pero sin querer ni necesitar de ningún virtuosismo; con esas dos cosas y unos pedacitos de historia cotidiana que contar se nos ofrece una película difícil de olvidar y una película necesaria siendo eso lo que más me sorprende porque, a pesar de ser una cinéfila empedernida, sé de muy buena tinta que el arte escasas veces es absolutamente necesario.
Josefa Bauló
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