• Por Antonio Méndez

alatriste cartel poster
Dirección: Agustín Díaz Yanes.
Intérpretes: Viggo Mortensen, Unax Ugalde, Ariadna Gil, Elena Anaya.

Película basada en un personaje literario creado por Arturo Pérez-Reverte. Con guión de Agustín Díaz Yanes (“Nadie Hablará De Nosotras Cuando Hayamos Muerto”, “Belmonte”).

Sinopsis

España, siglo XVII. Diego Alatriste (Viggo Mortensen) se ha convertido en un mercenario tras combatir como soldado en Flandes y prometer a su amigo fallecido Balboa (Alex O’Dogherty) que cuidaría de su hijo Íñigo (Unax Ugalde). En la corte de Felipe IV, dominada políticamente por el Conde Duque de Olivares (Javier Cámara), Alatriste será contratado junto a Gualterio Malatesta (Enrico Lo Verso) para dar muerte dos misteriosos personajes. Cuando decida no participar en el asesinato terminará enfrentado a Malatesta.

Crítica

Difícil tarea la de conceder existencia cinematográfica a uno de los personajes más populares surgidos de la literatura española de los últimos tiempos. El intento de Agustín Díaz Yanes sorprendentemente oferta una grata conjugación literario-fílmica tan deudora de su raíz novelesca perez-revertiana, que remeda de forma castiza-regüeldera la capa y espada de Alejandro Dumas o Rafael Sabatini, como de la iconografía pictórica de Velázquez, la violencia lírico-crepuscular de Sam Peckinpah o el protagonismo de personajes astroso-lacónicos al estilo spaghetti western leoniano.

alatriste review critica fotoMás que una película de aventuras, “Alatriste” es un estudio de personaje extensible a una época y un país. Una recreación semilúcida de un período decadente. Una plasmación anárquica pero disfrutable de las andanzas de un antihéroe seco en procederes y palabras.

La interpretación de Viggo Mortensen, con voz cavernosa, modulación pausada con frases lapidarias y composturas desaliñadas, languidecidas, otorga al film un tono extraño, cuasi fantasmal… zombie (no en vano su comportamiento parece estar dotado de una rara -y a veces hasta fascinante en su paradoja- inmortalidad mortuoria)…y el tempo pausado, contemplativo, de la oscura perspectiva de Yanes, quien hace pelear a sus personajes en ambientes nebulosos, nocturnos, lluviosos… y cruza en estrechas callejuelas a personajes acechantes, son puntos a favor para la composición de una respetable película que a veces cae presa de su esteticismo y de la vacuidad de algunos personajes que van y vienen, vienen y van, aparecen, se esfuman, hablan pero parecen no decir nada.

Casi todos ellos no dejan de ser caricaturas elementales (a pesar de la trascendencia histórica de algunas) que buscan definir a nivel intelectual, militar, religioso y político un imperio en decadencia desarrollado a través de elipsis a veces bien empleadas y otras un tanto bruscas, junto a una simbología hispana con emulación de pasos de semana santa y semblantes toreriles.

Las escenas de lucha están narradas con crudeza, a veces tratadas con sentido claustrofóbico y un uso climático adecuado. Para bien se ausenta de la urgencia acostumbrada y permite que los planos agitados se eleven un tanto del odioso ritmo videoclipero.

La película, a pesar de sus virtudes, está lejos de resultar redonda. El empleo de Blanca Portillo en un personaje masculino resuta muy discutible más allá de la singularidad gratuita, ya que a pesar del buen trabajo de la actriz y seguramente la búsqueda de una óptica burlesca sobre tal personaje, su caracterización termina distrayendo más que otra cosa. Por otra parte, las historias de amor son blandas e interesan bien poco, los personajes demasiado numerosos para tan poco meollo, y la ambientación resulta sobrecargada, con excesivo y desequilibrante protagonismo.

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Viggo Mortensen
Eduardo Noriega
Elena Anaya
Javier Cámara
Blanca Portillo
Eduard Fernández
Pilar López de Ayala
Unax Ugalde


Cada vez es más habitual que cuando una película llega al público precedida de un despliegue publicitario como el que hemos visto en “Alatriste”, tienda a decepcionarnos. Agustín Díaz Yanes ha sido el encargado de llevar a la gran pantalla las aventuras del Capitán Diego Alatriste, un viejo soldado de la España Imperial del siglo XVI, veterano de las guerras de Flandes, a quien diese vida en sus novelas Arturo Pérez Reverte.

La expectación que Alatriste ha despertado ha sido grande, lo que sin duda se verá reflejado en los ingresos de taquilla, y también será recordada, sin lugar a dudas, por su costosa producción, un verdadero hito en el cine patrio. Sin embargo, tengo mis dudas respecto a que esta película mantenga el tirón pasados unos meses de su estreno.

Empecemos por lo más destacable de la película. Basta echar un vistazo al reparto para darse cuenta que no se han escatimado medios. El peso de la acción recae sobre Viggo Mortensen (Alastriste), Unax Ugalde (Iñigo Balboa) y Elena Anaya (Angélica Dalquézar), y los tres resultan extremadamente convincentes en su papel. Resultaba extraño, a priori, que se hubiese elegido a un Mortensen para interpretar a Alatriste, pero he de reconocer que me ha sorprendido gratamente, pues ha sabido encarnar con maestría al aguerrido guerrero sin dejarse llevar por las frivolidades a las que tan acostumbrados nos tienen otras películas de ambientación histórica. Y si por si esto no fuese suficiente, los secundarios no se quedan atrás, desde los que tienen apariciones más o menos continuadas a lo largo de toda la cinta, como el caso de Eduardo Noriega, Ariadna Gil, Javier Cámara como un soberbio Conde-Duque de Olivares e incluso Juan Echanove dando vida a un mordaz (y muy logrado) Francisco de Quevedo, hasta los que apenas aparecen unos instantes, como Pilar López de Ayala y Blanca Portillo (convertida en Presidente del Tribunal de la Santa Inquisición), entre otros.

Tampoco pasa desapercibida la ambientación global de la película, y aquí de nuevo se deja entrever un elevado presupuesto. Se ha cuidado hasta el más mínimo y conseguido con ello recrear con gran precisión los distintos lugares en los que discurre la acción, desde el Madrid de los Austrias, con sus sucios callejones, hasta la neblinosa y lejana tierra de Flandes, donde Alatriste libró parte de sus batallas. La fotografía emula por momentos obras de pintores clásicos, como el propio Velázquez, que son los ojos de nuestra memoria en aquellos tiempos… A menudo tendremos la sensación de estar contemplando uno de estos lienzos, que cobran vida gracias a la magia del celuloide.

Pero como dije en un principio, “Alatriste” tiene a decepcionar, pues el tercer pilar sobre el que asienta cualquier obra cinematográfica falla, y de qué forma. Me estoy refiriendo, claro está, a la historia en sí. Para empezar, a mi juicio la duración es excesiva (dos horas y media) y se hace por momentos bastante lenta. El impacto visual es muy grande, como ya había dicho, y las escenas de lucha de lo mejor que se ha visto en cine en los últimos años, aunque con todo, uno tiene la sensación de que no hay un hilo argumental sólido capaz de enlazar los distintos fragmentos de esta película. Lo que nos encontramos finalmente son una serie de retazos de la vida de Alatriste (seguramente tomados de varias de las obras de Pérez Reverte) que han tratado de plasmarse aquí para dar al espectador una imagen general de su trayectoria, pero que al final se quedan muy cortos. Hay demasiado saltos en el tiempo, y el espectador se pierde en medio de las propias historias de algunos de sus personajes, siendo la que peor parada sale el romance entre Íñigo y Angélica, demasiado poco consistente y vacío de contenido para lo que pretende ser.

Con todo ello, “Alatriste” es una película recomendable para todos aquellos que gusten del cine de aventuras, si bien es muy probable que los que hayan disfrutado con los relatos de Pérez Reverte se sientan decepcionado ante la simplicidad del guión que pretende ser la columna vertebral de esta historia épica.

Iván Álvarez Miranda


Durante el reinado de Felipe IV, los temidos tercios españoles intentan poner orden en aquellos territorios de Europa que quieren sublevarse. De entre aquella aguerrida soldadesca, hubo un individuo que destacó por

su decisión y valentía, el capitán Alatriste (Vigo Mortensen).

Presupuesto muy generoso, los nombres más populares del cine español (coincidiendo, en algunos casos, con los más brillantes), lanzamiento comercial a bombo y platillo (tal y como el circo hacía su aparición en la ciudad); todo ello para dar a conocer la adaptación a la gran pantalla de la celebrada obra de Arturo Pérez Reverte.

Partiendo de que a un servidor la creación literaria de Reverte le parece de lo más logrado en el género de capa y espada, su traslación al celuloide no deja de ser un correcto tráiler de la novela.

Los episodios del valeroso soldado, que en el texto tienen un magnífico desarrollo, quedan apuntados en la cinta de una manera meramente testimonial, y aquel lector que se haya empapado de sus entretenidas páginas quedará defraudado por la brevedad de los capítulos rodados.

Aún siendo una constatación de perogrullo, es por ello por lo que el sujeto que ha engullido los libros tendrá una percepción distinta del filme, de aquél que no se ha asomado a los mismos, cuya evaluación será más condescendiente. Con el ingrediente económico aludido al principio, la puesta en escena, como no puede ser de otra forma en una recreación de época, es grandilocuente en vestuario, localizaciones, secuencias de batallas, etc.

En cuanto al principal intérprete, Vigo Mortensen, representa adecuadamente el porte y la figura del capitán, pero no así la dicción, extraña y frenada en su resultado.

No está mal el intento de Díaz Yanes, no obstante, y debido al largo recorrido de las peripecias que se relatan, ¿qué tal una serie de televisión con las andanzas del temerario héroe?

Alberto Alcázar


Nos encontramos ante la producción más ambiciosa en la historia del cine español hasta día de hoy (septiembre 2006), con todo lo que ello conlleva: presupuestos millonarios, miles de extras, cuidado vestuario, bellas localizaciones y toda una estrella internacional (Viggo “Aragorn” Mortensen) como protagonista. ¿El resultado? Una buena película, lo que sin duda será más que suficiente para unos y completamente insultante para otros.

Alatriste se basa en los “best – seller” de Arturo Pérez Reverte… en plural. La película no toma como referente el argumento de uno de los hasta ahora cinco libros publicados, ni siquiera trata de condensar un par en lo que ya de por si hubiera dado como fruto un extenso metraje, si no que trata de abarcar la totalidad del universo de Diego Alatriste en una sola cinta, lo que propicia un guión en el que errores y aciertos se intercalan de forma demasiado habitual.

Guión al margen, sería injusto no recomendar el visionado de Alatriste, aunque sólo fuera por admirar la genial recreación de la España del siglo XVII que en ella se hace (sobretodo la de un decadente y reconocible Madrid), así como un vestuario digno de pugnar por un hipotético Oscar y una fotografía más que notable.

Todo esto al abrigo de un abanico de actores nunca antes visto en una sola película en la historia de nuestro cine. Y la cantidad no ha ido en detrimento de la calidad (interpretativa), pues todos le dan sentimiento y credibilidad a sus interpretaciones, algo digno de admirar cuando algunas apariciones (como la de Pilar López de Ayala) apenas cuentan con tres o cuatro frases. A destacar la genial caracterización de Blanca Portillo como Bocanegra, la interpretación sobria (como el personaje lo exigía) de Enrico Lo Verso dando vida al espadachín Gualterio Malatesta, y la genial recreación de Quevedo, a manos de un Juan Echanove que simplemente lo borda.

Aunque no debemos engañarnos. No se trata de una película coral, en absoluto. El eje del film siempre son las desventuras de un Alatriste al que Viggo Mortensen da vida de forma muy creíble, siendo sin duda el gran acierto de este film. Alatriste es un ser oscuro, triste, que malvive vendiendo su espada por cuatro monedas, pero a la par se trata de un hombre valiente, forjado en los valores del honor y la lealtad. Todo esto queda reflejado en cada instante del film, así que chapeau por la elección de Viggo y la interpretación de este.

Pero tras los halagos llega el temido momento de examinar el guión, que por desgracia, solo puede calificarse de decente (el típico cinco por los pelos que me persiguió en matemática durante toda mi vida). La trama ofrece pincelazos de las cinco novelas de Alatriste (así como ciertas invenciones, curiosamente, muy acertadas), lo cual permite ver en muy diferentes escenarios y situaciones a nuestro héroe (Flandes, Rocroi, la costa gaditana y las callejuelas de Madrid entre otros), pero sin llegar a profundizar en ninguno de ellos. El problema es que el espectador siempre tiene la sensación de perderse más de lo que se le es mostrado, de que más que observar, tan sólo le dejan mirar, lo que es sin duda frustrante. El ritmo de la película nunca decae, si bien es cierto que la película no da la sensación de arrancar hasta prácticamente los últimos 20 minutos del film (muy bien resueltos, por cierto), lo que puede llamar al tedio en una película de metraje no excesivamente extenso (140 minutos).

Las escenas de acción se reparten entre batallas campales y enfrentamientos a espada, ambos muy bien recreados, más documentados que espectaculares, más coherentes que la mayoría de las coreografías que plagan el cine actual. Quizá la dosis de acción no sea tan elevada como muchos esperaban, pero si hablamos de “recrear”, debemos de huir la alargada sombra de Piratas del Caribe, que en su momento recuperó los combates a espada entre piratas, dotándoles de igual dosis de ballet y esgrima.

Para redondear, un breve comentario sobre la banda sonora. Cumple, y punto (advertí que sería breve). No pasa desapercibida, pero que nadie esperé salir del cine taradeando una épica melodía al estilo de Braveheart o Gladiator (tampoco lo esperaba, la verdad). Bien por la banda sonora, poco que objetar dejando de lado su falta de contundencia en algunas escenas.

En resumidas cuentas, un primer gran intento de superproducción española que esperemos siente precedente, así como un Diego Alatriste del que tanto los fans como el padre que lo parió tienen motivos para sentirse orgullosos.

David Sabater

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