• Por AlohaCriticón

EL LEÑADOR (2004)

Dirección: Nicole Kassell.

Intérpretes: Kevin Bacon, Kyra Sedgwick, David Alan Grier, Benjamin Bratt.

Walter Rossworth (Kevin Bacon) acaba de salir de prisión. Su delito: abuso

de menores.

Gracias a la ayuda de un antiguo amigo de su padre, que le proporcionará

un empleo en una serrería, y de su compañera, Linda (Kyra Sedgwick),

intentará olvidar su tenebroso pasado.

Con el reclamo de estar producida por Lee Daniels, el mismo que lanzó una

bomba llamada, “Monster’s ball” (2001), se presenta ahora “El leñador”,

película protagonizada y producida de forma ejecutiva por Kevin Bacon.

“El leñador” es un relato basado en la obra de teatro creada por Steven

Fetcher, quien también firma el presente guión para la pantalla grande junto

con quien se responsabiliza de la dirección, Nicole Kassell.

Hay que subrayar que, pese al señuelo al que se ha hecho alusión al

principio y a la temática del filme, en esta ocasión no se exhibe una dureza

tan brutal como la que contenía la cinta que protagonizara Halle Berry,

entre otras cosas porque la dirección no recae en la misma persona, por

aquel entonces esa labor correspondió a Marc Forster.

La truculenta y desagradable lacra de los abusos infantiles ha dado mucho

juego en el cine. “El cebo” (1958) y su posterior secuela, “El juramento”

(2001), pasando por “La calumnia” (1961), hasta llegar a “La memoria del

asesino” (2003).

No obstante y pese a su reiteración, “El leñador” es una obra muy

solvente, muy digna y bien planteada, recayendo la mayor culpa de ello en

Bacon que, de manera muy profesional, borda un papel de ex presidiario

con ganas de reinsertarse.

Curiosamente, no es su primer personaje en el que da vida a un agresor

sexual, ya que no queda lejos su interpretación del violento vigilante de un

reformatorio de adolescentes en “Sleepers” (1996).

Sólo por ver las evoluciones del jovencito de “Footloose” (1984) y

escuchar cantar en los títulos de crédito finales a Patti Labelle (“His eye is

on a sparrow”), “El leñador” es un título al que merece la pena dedicarle

unos escasos noventa minutos de nuestro tiempo de ocio.

Alberto Alcázar

Que nos encontremos sumergidos actualmente en una sociedad dirigida por la máxima de “lo políticamente correcto”, donde aquél que se sale del cauce es devuelto al corral y sino es marcado y olvidado, y donde la fealdad se nos oculta y se nos enseña a girar la cara en vez de enfrentarnos a ella para seguir disfrutando de nuestro feliz “way of life”, puede ser una explicación plausible a la falta de atención tanto mediática, como (porqué no decirlo) de muchas partes del mundillo cinematográfico hacia una película interesante como “El leñador” y que le ha llevado a ser injustamente olvidada por el público.

Producida e interpretada por Kevin Bacon, “El leñador” (cuyo título original, “The woodsman”, tenía un mayor atractivo comercial por su sonoridad) nos acerca a una de esas partes oscuras de la sociedad ya que aborda un asunto tan delicado y escabroso como el de la pedofilia.

Dejando en un aparte “Lolita”, una película que, aunque lleva inherente de alguna forma el mismo tema, se convierte en una historia de obsesión enfermiza, porque Kubrick (tal vez) no quiso o no pudo ser más incisivo debido al momento en que la realizó (año 1962), “El leñador” no es la primera película que expone semejante dilema pero sí es la primera que lo hace de forma franca, coherente y sin tremendismos efectistas.

Y es que películas como “Happiness” de Todd Solondz en su asalto, a través de su cine provocador, a ese lado oscuro de la sociedad, nos ofrece una versión hiriente de la pedofilia buscando nuestro desasosiego. O Sam Mendes que en su oscarizada “American Beauty” disfraza el deseo de su protagonista, Lester Burnham, hacia Angela (Mena Suvari), la amiga de su propia hija, como una explicación del rechazo del personaje de Kevin Spacey hacia el vacío inútil en que su vida se ha convertido. Pero en ambos casos no dejan de ser apuntes que complementan el verdadero “leitmotiv” de las dos películas y que no es otro que desmoronar la fantasía del llamado sueño americano.

También puede hablarse de desmoronamiento del sueño americano en “El leñador” ya que es una película de “outsiders”, de perdedores abocados a una vida austera y difícil que Nicole Kasell, directora debutante a la que habrá que seguir con atención, retrata con una fotografía cálida pero de forma distante, sin tomar partido por ninguno de ellos, dando la sensación que no es ella quien maneja sus hilos y que sus personajes tienen vida propia, convirtiendo la pantalla en una ventana por la cual nos podemos asomar.

Pero el tema central,como ya hemos dicho, es la pedofilia. Partiendo del regreso de un hombre a su ciudad tras haber estado encarcelado doce años, el film nos presentará tres vertientes del problema que nos abrirán una serie de interrogantes y nos invitará a cerrarlos por nosotros mismos. Por un lado la lucha interior del protagonista contra sus demonios interiores, por otro lado la capacidad de perdón de una sociedad (legalmente Walter ya ha pagado la deuda pero ante acto tan brutal puede no ser suficiente y el rechazo de su hermana, agrandado por su ausencia visual en toda la película, es el ejemplo ) y por otro el odio de todos (tanto del personaje de Kevin Bacon como del resto de personajes hacia semejante maldad).

Estos tres planteamientos nos llevarán a una película con tres finales, tres clímax (o bien mirado anticlímax), tres enfrentamientos de Walter que le recolocarán en su nuevo intento de vida: la postura de él y la sociedad que le rodea (su hermana, la mujer que comienza una relación con él, los compañeros de trabajo, el psiquiatra o el policía), su enfrentamiento (sin victoria y sin derrota) contra el monstruo que le consume y el reconocimiento del odio que siente por él mismo y que se verá reflejado con la aparición de un nuevo pedófilo en la ciudad.

Y todo ello rematado por una actuación sobresaliente de Kevin Bacon que crea un personaje torturado desde el silencio y la contención, olvidándose de los aspavientos y excesos con el que interpretó aquellos (lejanos) personajes en “Homicidio en primer grado” y en “Sleepers”, película que, por cierto, también se centra en la pedofilia, pero tratándola de forma melodramática y vengativa (ese ojo por ojo tan recurrente en la filmografía americana) a diferencia de “El leñador” donde se nos invita a la reflexión. Algo que, por desgracia, se nos hace más difícil y menos llamativo que el “ojo por ojo, diente por diente” de “Sleepers”. Y así nos va.A. Évole

Enlaces

Kevin Bacon

Benjamin Bratt

Mos Def

Michael Shannon

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