• Por Antonio Méndez

maravillosa-familia-de-tokio-cartelDirección: Yôji Yamada.
Intérpretes: Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Masahiko Nishimura, Yui Natsukawa.

Con guión de Emiko Hiramatsu (“El Catador De Venenos”, “La Casa Del Tejado Rojo”) y Yôji Yamada (“El Ocaso Del Samurái”, “La Casa Del Tejado Rojo”).

Sinopsis

Shuzo Irata (Isao Hashizume) vive en una casa de Tokio junto a su mujer Tomiko (Kazuko Yoshiyuki) y dos de sus hijos, el mayor, llamado Konosuke (Masahiko Nishimura), casado con Fumie (Yui Natsukawa), y padre de dos hijos; y el soltero y tímido Shoto (Satoshi Tsumabuki), dedicado a afinar pianos. Además, Shuzo y Tomiko tienen otra hija, Shigeko (Tomoko Nakajima), asesora fiscal casada con Taizo Kanai (Shozo Hayashiya). La familia Irata vive en una rutina tranquila hasta que una noche, Tomiko le entrega a Shuzo un documento para que lo firme: su divorcio después de casi 50 años de casados.

Crítica

Comedia de Yoji Yamada que nos sitúa como testigos de las peripecias de la familia Irata con centro en la figura de Isao Hashizume como Shuzo Irata, el típico personaje gruñón simpático en torno al que se urde una historia de crisis matrimonial, con vertientes de humor entre lo excéntrico y la farsa, que termina arrastrando a toda la parentela más próxima.

maravillosa-familia-de-tokio-foto-peliculasEs un film de interiores, con la acción alternando, principalmente, entre el hogar de los Irata y el bar en el que Shuzo se toma el sake y departe con las amistades.

Casi todos los personajes, aunque con distinta incidencia en la trama, poseen suficiente singularidad, personalidad, como para aportar interés y matices sobre su presente y futuro en una historia sencilla, con referencias a Yasujiro Ozo, que es narrada en tono amable y ritmo fluido, sin precipitación.

La película crea situaciones simpáticas, aunque su resolución es demasiado cómoda, incluso arbitraria, pero significa en modo sereno la necesidad de consideración, de libertad personal y de diálogo entre pareja, y más cuando lo que se comparte va mucho más allá del capricho o de la simple anécdota.