Uno de esos títulos míticos del cine que tiene más valor por la cualidad de mito cinematográfico que por su verdadera estimación como película. Francis Ford Coppola se inspira en el aborbente relato de Joseph Conrad "El corazón de las tinieblas", para sumergirnos en una porfía introspectiva del individuo sobre los valores éticos hallados en un infierno bélico y las consecuencias y comportamientos derivados de la participación en ese conflicto, todo ello desde un punto de vista crítico con el poder, la gloria, el belicismo y la corrupción moral.
Sin embargo, esta contemplación crítica resulta demasiado confusa en su diatriba filosófica, disfrazando un embrollo narrativo con escenas, escenarios y monólogos presuntamente impactantes y grandilocuentes (las pedantes peroratas de Marlon Brando son realmente cargantes).
Algunas escenas caen en la reiteración del mensaje, por lo cual podrían ser perfectamente eliminadas, la mayoría pecan de altisonantes y se expanden más allá de su significación como mera expresión narrativa.
El dibujo del microcosmos de la barcaza no termina de convencer, el guión de Coppola y John Milius (director de "Conan El Bárbaro") no carece de gratuidades y hoquedades varias y el expandido discurso es muy indefinido y en ciertos pasajes, demasiado lánguido.
Es importante el tratamiento atmosférico, que ayuda a la descripción dantesca y enajenada de la guerra, las interpretaciones de Martin Sheen y el gran Robert Duvall, algunos pasajes en el desarrollo de la travesía introspectiva, como la inolvidable secuencia de ataque de los helicópteros con la música de Richard Wagner y la utilización apocalíptica del estupendo tema "The End" del grupo The Doors.
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