• Por AlohaCriticón

ROMEO DEBE MORIR (2000)

Director: Andrzej Bartkowiak.

Intérpretes: Jet Li, Aaliyah, Delroy Lindo, Isaiah Washington.

El cine de acción de Hong-Kong ha resultado ser una fuerte influencia para muchos jóvenes directores americanos (entre ellos Quentin Tarantino) dispuestos a trasladar al cine USA las piruetas y cabriolas de coreografías casi musicales llenas de violencia que ensalzan la masculinidad y cuasi invulnerabilidad del admirado héroe.

Varios de los personajes más importantes de ese cine oriental ya han sido traspasados a Hollywood con relativo éxito; sin remontarse a la época de Bruce Lee actualmente gente como el director John Woo y el actor Jackie Chan ya colocan sus nombres en letras doradas de los hit parades estadounidenses y mundiales. Un nuevo astro del celuloide asiático, Jet Li, hace su debut como protagonista en un film americano (anteriormente ya había trabajado en “Arma Letal 4”) que pretende mezclar su pobre planteamiento de guerra de mafias con el famoso drama de William Shakespeare “Romeo y Julieta” (realmente pocas coincidencias existen en esta película que recuerden a la famosa obra, simplemente la relación entre los hijos de los jefes de los dos clanes enfrentados, una relación además poco definida y bastante insulsa).

En el puerto de Oakland dos mafias -una china y la otra afroamericana- se ven envueltas en una espiral de muerte y violencia debido a la consecución del control de unos terrenos. Esta virulencia se ejemplificará en la muerte de uno de los hijos del capo chino. El hermano del muerto, ex-policía encarcelado injustamente para salvar a su familia escapará de la prisión de Hong Kong para vengar su asesinato en tierras californianas.

Andrzej Bartkowizk, veterano director de fotografia polaco (trabajó para Sidney Lumet y John Huston) realiza este nuevo título de acción producido por el hacedor del taquillero “Matrix” Joel Silver, con el usual sentido videoclipero (totalmente contrario al arte cinematográfico) que tanto caracteriza este tipo de películas. Lo cierto es que daba igual el estilo utilizado porque la historia resulta paupérrima y a ratos excesivamente tediosa.

Mayoritariamente la gente que consume este tipo de productos sólo acude a la sala para ver patadas, puñetazos, peleas, cabezazos y demás acciones que se precien que causen lesiones al contrario (la trama le trae al fresco) buscando una mínima espectacularidad que provoque que mientras su boca abierta se llena de palomitas pueda jadear y resoplar al supercampeón a la vez que éste ejercita toda clase de movimientos acrobáticos dejando a la tropa enemiga malherida por el suelo. Pues Jet Li ha demostrado que es un auténtico maestro en el arte del Kung-Fu y los fans del subgénero de acción no saldrán (hasta cierto punto) decepcionados. Lo que ocurre es que la trama es tan vulgar y pedestre que las escenas de acción (por cierto hay una memorable, cuando pelea contra una mujer utilizando a “Julieta”) no lucen como deberían. Los tópicos abundan, personajes graciosillos, los malos malísimos, las chicas de buen ver y los manidos temas en películas de mafia: la venganza, la jerarquía, la lealtad, la ambición, los negocios turbios, la familia, la traición, etc. etc. etc.. Todo el conjunto adobado por una gran cantidad de música hip-hop.

Para los más acérrimos de las artes marciales y nostálgicos del mítico Bruce Lee.

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