• Por AlohaCriticón

ED GEIN (2000)

Director: Chuck Parello.

Intérpretes: Steve Raisbalck, Carrie Snodgress, Bill Cross, Brian Evers.

Endeble reconstrucción fílmica de la vida y “obra” de uno de los más tristemente célebres asesinos de la historia criminal estadounidense, Ed Gein, personaje real de influjo para obras de diferente entidad pero de parecida fama cinematográfica: “Psicosis”, la obra maestra de Alfred Hitchcock, “La matanza de Texas”, pieza clave dentro del cine gore o “El silencio de los corderos”, uno de los thrillers de mayor éxito en los años 90 que supuso la consagración del actor británico Anthony Hopkins.

En un pequeño pueblo del estado de Wisconsin llamado Plainfield vive un hombre de mediana edad cuyo nombre es Edward Gein. De carácter tranquilo y apacible, Ed es conocido en su localidad por su afabilidad en el trato a pesar de sus excéntricas maneras . Su solitaria existencia en una extensa granja familiar viene marcada por la ausencia física de la figura de su madre, una madre de tendencias ultrareligiosas a la que Gein estaba unido por un fuerte complejo de Edipo y cuya desaparición le ha sumido en una esquizofrenia que le lleva a cometer una serie de atroces asesinatos.

Centrándose en el análisis de las características psicológicas del susodicho, Chuck Parello (autor de la secuela de “Henry: retrato de un asesino”) va describiendo el proceder (desde una dócil perspectiva) y génesis de la locura de Gein, destacando una serie de flashbacks que nos retrotraen a una sucesión de episodios que priorizan el nocivo carácter de su beata progenitora. Es de agradecer la pretensión de alejamiento del cine más sanguinolento y la búsqueda de un tempo narrativo más afín al interior del personaje que a sus propias acciones delictivas, lo malo es que a menudo confunde el óptimo ritmo pausado con la lentitud expositiva careciendo en muchos pasajes el film del pulso necesario para mantener la tensión del relato. La esquizofrenia causante del letal desequilibrio utiliza para su progreso un recurso fácil carente de ingenio como es la continua aparición de su madre, instigando verbalmente en su imaginación el ansia del crimen en vez de buscar resortes más cinematográficos con motivos de construcción visual que sirvan para desplegar tal comportamiento.

Destacables son algunos tratamientos en escenas de contacto vecinal y la aceptable interpretación de Steve Raisbalck, fuertemente influenciada por el gran Anthony Perkins.

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