• Por Antonio Méndez

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Dirección: Woody Allen.
Intérpretes: Larry David, Evan Rachel Wood, Patricia Clarkson, Ed Begley Jr.

Con guión de Woody Allen (“Manhattan”, “Midnight In Paris”).

Boris Yellnikoff (Larry David) es un hombre maduro misántropo que inicia una relación con la joven Melodie St. Anne Celestine (Evan Rachel Wood), veinteañera sureña con la que pretende vivir una existencia bohemia. Los padres de Melodie (Patricia Clarkson y Ed Begley Jr.) no están muy de acuerdo con las aspiraciones de Boris con su hija.

Después de la nadería turístico-folletinesca de “Vicky Cristina Barcelona”, Woody Allen eligió a Larry David, un monologuista que creó en televisión la serie “Seinfeld”, para protagonizar “Si La Cosa Funciona”, comedia romántica de edad dispar con aspiraciones satíricas que tiene en sus interpretaciones principales lo mejor de su contenido.

La película no comienza mal. Groucho Marx canta en los créditos “Hello, I Must Be Going” (incluida en la estupenda película “El Conflicto De Los Marx”), y Larry aparece en escena en animada conversación entre amigos (a lo “Broadway Danny Rose”).

si la cosa funciona larry davidEl personaje principal se dirige directamente al público vinculando la ficción con el espectador en una presentación de hombre excéntrico y misógino, con cierto parecido al personaje interpretado por Monty Woolley en “El Hombre Que Vino a Cenar”, aunque con la diferencia esencial de que Monty era cascarrabias pero simpático y en un proceso que destapaba sus facetas de humanidad, y por el contrario el personaje de Larry David es antipático y pedante, que a pesar de su presunta misantropía y nihilismo, no pierde un segundo en reprendernos puntualmente sobre el “mejor saber” ser, el “mejor saber” creer y el “mejor saber” estar. Todos siguiendo sin rechistar y como marionetas sus pautas y su comprensión de la vida, sino seremos bobos y submentales. A eso se le llama visión global y pluralidad de pensamiento, sí señor…

En principio la película parece abordar viejas neuras de su autor, como la existencia de Dios, la muerte, la religión, las problemáticas relaciones de pareja… en una composición de dos sátiras girando en la interacción de personajes provocada por la relación sentimental entre Larry David y Evan Rachel Wood.

Se trata un aspecto pretencioso de felicidad vital vinculado al azar y un vínculo proclive a situaciones de comedia con choque de costumbres y cultura al estilo de Pigmalión de George Bernard Shaw (una de las referencias literarias de una película que también cita a Joseph Conrad o a William Faulkner).

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Aparentemente una de las sátiras conectadas tendría como objetivo el egocentrismo pomposo pseudointelectual, y la otra el fundamentalismo religioso que reprime ciertas actitudes que más tarde se revelan de forma insospechada en escenarios propicios a la liberación tales contenciones (en plan comedia adolescente Woody Allen sólo motoriza a sus personajes reprimidos por el afán de sus partes nobles).

De forma paradójica, la sátira sobre el egocéntrico se diluye y Larry David termina lanzando más sermones que los fundamentalistas que critica, a la par que los fundamentalistas se retratan como meras caricaturas en un desarrollo veleidoso con bruscos cambios de actitud que de creíbles no tienen nada.

Allen escribe para el texto de este film algunas consideraciones críticas sobre control y libertad del individuo con apuntes ácidos de interés.

Algunas reflexiones tienen brillantez, en especial el carácter independiente y contestatario a lo políticamente correcto generado por políticos y mandamases tan arteros como mediocres, pero desde luego Woody no brilla en la simpleza de trasnochados contrastes de la gente de ciudad (no digamos de su adorado Nueva York en círculos pijobohemios vestidos de pobres con ropa cara), a la que pinta como muy modernos y “listismos”, y los del ámbito rural (en este caso sureños amantes de ferias de siluros y concursos de belleza) como reaccionarios y “burrismos”. Tópico e injusto si se busca, como se pretende, una reflexión ideológica seria dentro de una propuesta de humor y no un simple efecto cómico de película adolescente o post-adolescente tipo Farrelly o Apatow.

También dentro del aspecto de sátira, Woody se deja llevar por el narcisismo ideológico sobre creencias en una reducción simplista y bufa, culminada todo en un flojo remate con happy end anticlimático y forzado.

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