• Por Antonio Méndez


Dirección: Henry Selick.
Intérpretes: Película de animación.

Película basada en un libro de Neil Gaiman (“Coraline”, Editorial Salamandra). Con guión de Henry Selick.

Una muchacha llamada Coraline Jones encuentra un mundo paralelo en su propia hogar que parece cambiar la aburrida realidad en la que vive después de haberse mudado de casa con sus padres. Toda esa felicidad resultará apariencia y Coraline se verá inmersa en una serie de aventuras que probarán su determinación y valentía.

Henry Selick, director de “Pesadilla Antes De Navidad” con producción de Tim Burton, adaptó en “Los Mundos de Coraline” un libro de fantasía de Neil Gaiman que tanto toma de Lewis Carroll y sus Alicias, como de Frank Baum y su Mago de Oz o del Dr. Seuss y los “5000 Dedos Del Dr. T”, incluso de “El Pájaro Azul” de Maurice Maeterlinck, si es que su guionista y director conociese tal obra.

Al igual que en “Pesadilla…”, Selick vuelve a emplear con exquisitez el stop motion para dar vida a sus animaciones en un escenario gótico-fantástico, destacándose el esfuerzo en su cuidadoso aspecto visual aunque resulte derivado de los anteriores proyectos de su autor y de las referencias literarias anteriormente citadas.

La base de dimensiones paralelas con personajes excéntricos secundarios, momentos musicales, contrastes de mundos (tonos fríos-cálidos, ambientes deslucidos-coloristas…) y propósitos iniciáticos-educativos no resulta muy original, le sobran escenas plúmbeas y ciertas redundancias.

Sin embargo, existe creatividad en su estética y los temas se fijan sin desviaciones (desatención de los padres a sus hijos, egocentrismo, apariencia-realidad, incapacidad para conseguir todos los deseos y caprichos, valoración de lo que uno es y lo que tiene…).

El tono, acentuado por la incisiva partitura (con inicios abarrocados) de Bruno Nicolau, es pesadillesco y oscuro al estilo del cuento de terror original de Gaiman, con lo que los más pequeños puede que se lleven algún susto que otro.

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No se puede decir que “Los mundos de Coralinae” sea una plena adaptación del libro de Neil Gaiman, sin embargo respeta el argumento y varios elementos principales de la historia, quizá donde falla es en el tenebrismo que suele utilizar el escritor británico.

Tanto el todólogo de Neil Gaiman como Clive Barker suelen utilizar su hipótesis de realidades alternas, mundos dentro de otros mundos y vidas paralelas; sus ideas no son del todo innovadoras, ahí encontramos a Kafka y al mismísimo Lewis Carroll con sus pequeñas niñas tan inocentes como curiosas, pero el asunto con los nuevos escritores es la época, los tiempos han cambiado y el postmodernismo con la batuta de la ambigüedad viene a darle mayor convicción de sobrevivencia a las heroínas del siglo XXI, sin demeritar el trabajo de nadie, cada cual se mueve astutamente dentro de sus fantasías, y lo que es mejor, nos impregnan con su magia.

Aquí el director, Henry Selick, de la loable “Pesadilla antes de navidad” y la notable pero menos afortunada “James y el melocotón gigante”, regresa a la pantalla grande con el stop motion, técnica que por si sola vale la pena ser vista, pues dentro de la dedicación y el estrés se presentan estupendos trabajos de animación, y ahora con el 3-D el asunto se presume interesante.

El guión de Henry Selick se traduce en una película para niños pero con mayor fijación en los adultos, quizá con el sentimiento del mismo Gaiman con su afán de crear un libro de niños para adultos, y a la vez de niños no tan niños, la fábula se entremezcla con la fantasía y el terror. Ahí mismo en la sala de cine se pueden escuchar a muchos niños encogerse de miedo, mientras otros tantos bostezan de aburrimiento, algunos no les basta la técnica que en lo personal me asombra, pero cabe recalcar que existen algunos puntos que si bien pueden asustar a los niños, también les puede aburrir, el problema es que a pocos les causa gran impacto la brillante reflexión por la cual aboga el director.

La película que va más allá de la dicotomía del bien y el mal, se enfoca en el aspecto del dar y recibir, así como del precio que se debe pagar por la “felicidad”, las dificultades por las cuales se tiene que pasar, y a la vez es lo que sazona a la vida: su misma complejidad al momento de vivirla.

Con un toque sutil, aunque menos complejo, la adaptación crea una Coraline con la cual los niños se pueden identificar, pero me temo que no todos terminarán por razonar junto con ella, la historia se enfoca un poco más al alegre divertimento que al sagaz entendimiento, la técnica de animación no se queda corta y crea un universo fantástico, lleno de imaginación y gran colorido, pero la idea tendría que llegar más allá del canon de belleza visual. Es cuando entra la intención con el público de mayor edad, a quién corresponde crear un análisis de lo visto, ¿la tarea será pasarles algo de conocimiento a sus hijos?

No puedo negar que “Los mundos de Coraline” es un excelente entretenimiento que ocasionalmente flaquea por su falta de consistencia y talante narrativo, pero se mueve ágilmente entre el esparcimiento y el sutil aleccionamiento, una valiosa propuesta dentro de un más valioso empaque animado, con una agradable banda sonora dirigida por Bruno Coulais y They Might Be Giants, la familia se puede reunir frente a la proyección sin temor a perder su tiempo, Coraline lo vale.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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