• Por AlohaCriticón

UN VERANO CON MÓNIKA (1953)

Dirección: Ingmar Bergman.

Intérpretes: Harriet Andersson, Lars Ekborg, Dagmar Ebbesen, Ake Fridell.

Harry (Lars Ekborg) y Monika (Harriet Anderson) son dos adolescentes de Estocolmo que, a pesar de su temprana edad, viven oprimidos por la insulsa y ácida interacción con sus rutinas. Harry es el empleado más infravalorado y ridiculizado por el jefe del taller donde trabaja y Mónika, además de soportar a diario los acosos y violentos flirteos de sus compañeros trabajo en una tienda de verduras, vive infeliz en una casa demasiado pequeña para su numerosa familia, encabezada por su alcóholico padre.

Un día ambos protagonistas se citan para ver una proyección de cine de “La soñadora”, repitiéndose entonces y a partir de aquí una serie de encuentros que los harán crecer en confianza y amistad.

Una noche, a principios de verano, la pareja duerme en el bote que el padre de Harry tiene atracado en el puerto y deciden dejar el trabajo y la ciudad para embarcarse en una nueva vida utilizando dicha embarcación como hogar y medio de transporte.

Atención: Contiene Spoiler

El director sueco nos presenta a Harry y Monika separadamente a través de su reflejo en un espejo situado en la calle más frecuentada por estos, enseñándonos tanto su aspecto físico como los motivos principales de sus vidas.

La pareja enamorada, único centro de atención a lo largo del film, se lanza al río para vivir la utopía del verano perpetuo y, por un tiempo, ilusionando y regalando la verosimilitud de dicha decisión al espectador.

La felicidad infantil que experimenta la pareja en esta época colmada de de noches cálidas durmiendo dentro del mismo saco, baños en el río, desnudos bajo el sol y divertidas borracheras se ve enseguida truncada por la falta de alimentos, escasa higiene y un acontecimiento aún más importante: el embarazo de Monika, dueña de la voz que dispara las quejas hacia su nuevo estilo de vida. En un principio la pareja toma una postura esperanzada y optimista, llevando a Harry a forjarse una ilusión de futuro: casarse con Monika, estudiar para ingeniero y mantener holgadamente a su mujer y su hijo bajo el techo de una bonita casa.

Desengañados por la irrealidad de la situación que vivían, la pareja regresa a la ciudad de Estocolmo, que nos muestra en su paisaje un claro fin del verano y el Sol, cambiando la luz y la quietud del viento de las escenas anteriores por cielos grises y hierbas agitadas por la ventisca. Como se verá a continuación, nuestra pareja seguirá una evolución paralela al clima.

Las siguentes escenas nos enseñan a una familia que vive en una desordenada casa alquilada y la madre caprichosa y descuidada en la que se ha convertido Monika. Harry, sin embargo, está estudiando y trabajando al mismo tiempo y es sobre sus hombros sobre los que cae todo el peso económico, laboral y moral de la familia.

Monika cae tan bajo que engaña a su marido con un antiguo exnovio de ella y enemigo de él durante un viaje de trabajo de Harry y este, desesperado y no encontrando en ninguna parte los frutos de sus esfuerzos, abandona a Monika y acepta una vida de padre soltero.

Por último se observa a Harry mirando su adulto y cambiado aspecto actual a través del espejo, a pesar de haber transcurrido unos meses desde que conoció a Monika. Entonces acuden a su mente las imágenes más bellas de su convivencia en el bote con Monika (su cuerpo tendido en el bote tomando el sol, un armonioso paseo desde la orilla hacia el agua de una dulce y desnuda Monika…). Seguidamente y tras volver en sí, mira al pequeño bebé que sostiene en los brazos y nos sonríe, dándonos la esperanza de que las cosas vayan a ir mejor a nuestro protagonista. Cuando se retira, sin embargo, se observa en el espejo cómo unos nuevos propietarios se llevan los muebles de la casa que compartían Monika y él, mezclándose en nuestro espejo los mejores momentos del film y las terribles consecuencias de su final.

Genial película de Bergman en la que se observa su lado más tierno, joven y carnal, salpicando las escenas con una luminosa y excelente fotografía en blanco y negro que se crea, cambia y transforma al mismo ritmo que el carácter de las situaciones.

Narra el choque de un veraniego idilio amoroso con la realidad aplastante de la vida de ciudad, encadilándonos al principio con un dulce sabor que, poco a poco, irá amargándose a medida que avanzan los acontecimientos y conocemos la verdadera naturaleza de los personajes principales, que sufren claras y distanciadas evoluciones: Mientras Harry parte de un estado de bondad e ingenuidad bonachona y se ve forzado a una madurez prematura pero resultona, Monika deja de ser la niña dulce y enamorada que seduce a Harry para adquirir exactamente el mismo rol que desempeñaba en la casa en la que vivía con su familia: maleducada, desagradecida y cínica. Descuidada por la costumbre y el aburrimiento.

A pesar de una duración posiblemente excesiva y un avance del tiempo estancado en ocasiones, consigue que el espectador fantasee con la historia que está viendo y que, tras ese final que aporta el realismo ambicioso y cruel de la vida real, se sienta completamente ingenuo y obligado a aceptar que, desgraciadamente, las cosas de verdad suceden así.

Daniel Delgado Huerga

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