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Luis Buñuel, en su etapa mejicana, rodaría grandes películas, algunas de ellas obras maestras ("Los olvidados") en las cuales retrataba los avatares y problemas cotidianos que rodeaban a la sociedad mejicana, marcada por una fuerte desigualdad de clases. En esta ocasión, la historia viene reflejada en forma de cuento, como la propia voz en off nos anuncia, un cuento enclavado en la populosa Ciudad de Méjico, lugar propicio para la interacción de toda clase de personas y de situaciones.
Los medios de comunicación, los trenes, autobuses, barcos y por extensión, caminos o carreteras son propicias alegorías del transcurrir de la vida, con sus curvas, rectas, túneles o atajos.
Por el tranvía van desfilando individuos que sirven de excusa para que el genial aragonés establezca un discurso sobre economía, religión (uno de sus más obsesivos asuntos), educación, y en definitiva, la sociedad, del mismo modo para plantear la esencia funcional de la valía, todo ello envuelto en celofán de simpática comedia, que puesta en escena de forma espléndida resulta sumamente amable y gratificante.
Fenomenales actuaciones y excelente guión de Maurice de la Serna, José Revueltas y Juan de la Cabada.
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Luis Buñuel
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