• Por AlohaCriticón

NUBES FLOTANTES (1955)

Dirección: Mikio Naruse.

Intérpretes: Hideko Takamine, Masayuki Mori, Mariko Okada, Isao Yamagata.

Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Yukiko (Hideko Takamine) regresa a Tokio para buscar a Tomioka (Masayuki Mori) que fue su amante cuando trabajaban juntos en la Indochina francesa.

Tomioka le prometió que se divorciaría de su esposa, sin embargo Yukiko se encontrará con una realidad bien distinta.

A partir de un sobresaliente guión de Yoko Mizuki (la guionista que ya había colaborado con el director en otras obras maestras como “Madre” y “La voz de la montaña”) Mikio Naruse construye la que es probablemente su mejor película. Un relato duro y trágico que muestra como pocos otros la devastación, el pesimismo y la ruina moral del Japón de posguerra.

El director nipón vuelve a poner en práctica lo que Kurosawa, que había sido su asistente en el filme “Avalancha” de 1938, denominaba “estilo río”. Un estilo que se basa en la sucesión de planos cortos y fijos, en el que los cortes apenas resultan visibles, derivando hacia una narración fluida y armoniosa similar al curso de un río.

También hay que resaltar como rasgo característico del cine de Naruse la importancia que tienen las miradas y el lenguaje corporal, a veces por encima de los diálogos, algo que se debe a su etapa de formación en el período mudo.

La trama gira en torno a la tormentosa y desigual relación entre Yukiko y Tomioka, magistralmente interpretados por los dos actores principales.

Tomioka es un tipo aparentemente insensible, además de pendenciero y mujeriego, incapaz de mantener un relación estable basada en la fidelidad. Yukiko por su parte representa todo lo contrario, convirtiéndose en la auténtica heroína de la película, soportando todo tipo de penurias y adversidades como consecuencia de su amor hacia un hombre que no la merece.

El trabajo interpretativo de la hermosa Hideko Takamine (la musa de Naruse, con el que rodó diecisiete películas) rebosa sensibilidad y emoción, ganándose el favor del espectador desde el principio frente a la frialdad de su compañero. No hay que olvidar que Naruse es junto a Mizoguchi el gran director de la intimidad y el universo femenino.

La eterna devoción de Yukiko hacia su amado ira desarmando a lo largo del filme la resistencia de éste, que no obstante no se dará cuenta del verdadero amor que siente por ella hasta el final. Un final terriblemente doloroso, que golpeó duramente el alma del que escribe estas líneas al igual que a Tomioka, consciente entonces de lo que ha perdido y de la penitencia que tendrá que pagar.

Completan la redondez de la película la gran fotografía de Masao Tamai y la exótica y bella partitura de Ichiro Saito.

En conclusión, “Ukigumo” o “Nubes flotantes” es una de las mayores obras maestras de la filmografía japonesa de todos los tiempos. A la altura de los mejores trabajos de Ozu, Mizoguchi y Kurosawa.

Ricardo Pérez

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