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Después de los zombies de Robert Rodriguez llega Quentin Tarantino con “Death Proof”, la segunda entrega del proyecto-tributo a las grindhouse, sesiones doble de cine exploitation de los años 60 y 70.
Si “Planet Terror” se inspiraba en las películas de Romero y demás amiguetes de los muertos vivientes contemplados desde perspectivas satíricas, en “Death Proof”, Tarantino confluye en su historia el protagonismo de un psicópata de carretera con un grupo de mujeres aguerridas, presentado ecos de Roger Corman, Dario Argento y, en especial, Russ Meyer, con su “Faster, Pussycat! Kill! Kill!”, aunque las féminas, más o menos atractivas, no equiparen sus atributos físicos a las explosivas chicas guerreras Tura Santana, Haji y Lori Williams, ni la trama tenga la perturbación de su precedente a pesar de su vibrante clímax de persecución motora con un sugerente y estridente enfrentamiento. |  |
El resultado es un disfrutable pasatiempo de acción con trazas de comedia negra repleta de cinefilia y melomanía, con empleo de la violencia asesina-motora como comicidad, personajes punzantes, y un palpitante encontronazo entre seres impetuosos y maníacos, con comportamientos y reacciones delirantes en parajes desérticos propicios al crimen sin control.
Los homenajes son constantes, sean musicales, arrancando con el “The last race” del gran Jack Nietzsche, pinchando el “Jeepster” de T. Rex o el “The love you save” de Joe Tex, o conversando en el coche sobre el grupo 60’s Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich (sonando una de sus mejores canciones, “Hold Tight”); o sean cinéfilos, con carteles del “Soldado azul” de Ralph Nelson, o citas a diversas películas, entre ellas el “Punto límite: Cero” de Sarafian.
 | Como suele ser norma en cada una de sus peliculas, Tarantino recupera para el gran público a una vieja gloria en decadencia (en su momento Travolta, después Pam Grier o más tarde David Carradine).
Aquí se trata de Kurt Russell, espléndido en su personaje de demente cáustico, especialista obsesionado por aniquilar a mozas de buen ver que está rodeado de actrices muy convincentes, entre ellas la atractiva hija de Sydney Poitier, Sydney Tamiia Poitier, en el importante papel de Jungle Julia. |
En cuanto a sus defectos, a la película le sobra un exceso de palabrería autocomplaciente, la reiteracion en la puesta en escena, el cameo de rigor del propio director,y sobre todo, la dependencia del mero tributo en la construcción de la historia (y de su filmografía en general). No obstante, un entretenimiento que retiene parte de las esencias de sus referencias homenajeadas.
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