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Una cultura dedicada al flower power, al amor libre, a las drogas de tintes psicodélicas, al mundo oriental y a la comunión entre la naturaleza y el hombre, con una estética de melenas al viento y ornamentos de abalorios, camisas de colorines y flores en el pelo, como cantaba Scott McKenzie en su famoso tema "San Francisco".
Los hippies, un movimiento contracultural de esencia reivindicativa y juvenil que conoció su época de máxima expresión a finales de la década de los 60, vieron plasmado su mundo e ideales en un exitoso musical teatral escrito por James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot, el cual serviría de cimiento unos años después para esta apreciable película.
Milos Forman, el guionista Michael Weller y la coreógrafa Twyla Tharp aprovechan el material escénico y consiguen retratar con bastante fidelidad el contexto sociocultural de estos jóvenes contestatarios y rebeldes, desarrollando con suficiencia una historia generacional y antibelicista, que cuenta como agasajo cinéfilo con la breve intervención como actor del director Nicholas Ray.
Las interpretaciones resultan convincentes, en especial Treat Williams y John Savage, y la música nos recupera piezas inmortales del período, como "Aquarius", "The Flesh Failures (Let The Sunshine in)" o "Manchester England".
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