• Por AlohaCriticón

la busqueda el diario secreto movie review poster cartel
Dirección: Jon Turteltaub.
Intérpretes: Nicolas Cage, Diane Kruger, Jon Voight, Justin Bartha.

Secuela de “La Búsqueda” (2004). Con guión de Cormac Wibberley (“Soy Espía”, “La Búsqueda”) y Marianne Wibberley (“Soy Espía”, “La Búsqueda”). Con producción de Jerry Bruckheimer.

Ben Gates (Nicolas Cage) se involucra en esta película en la muerte de Abraham Lincoln tras descubrirse una página perdida del diario de su asesino, John Wilkes Booth (Christian Camargo). En el asesinato de Lincoln pareció estar envuelto el taratabuelo de Gates, quien intentará demostrar la inocencia de su antepasado.

El productor Jerry Bruckheimer y uno de sus actores favoritos, Nicolas Cage, volvieron a hacer equipo (“60 segundos”, “La Roca”, “Con Air”…) en esta secuela de “La Búsqueda” que sólo se puede soportar si se contempla como una gran, enorme, monumental parodia de los best-sellers de misterios pseudohistóricos y las bulas-infamias conspiratorias que enriquecen los bolsillos de cuatro espabilados que comercian desde todo tipo de medios con “lo oculto-lo misterioso-lo enigmáaaaaaaaaaaaaaaaatico- las confabulaciones del los poderoooooooosos que nos manejan como marioneeeeeeeeeeeeeetasssss— uhhhhhhhh-uhhhhhhhh…”.

Si se toma de coña aún es visible, se padece un poco pero se sobrelleva por sus localizaciones diversas (desde Washington a París pasando por Londres o el Monte Rushmore), los diálogos de chicha y nabo, las caritas de Nicolas Cage, o lo rocambolesco de su criptología imposible que ellos vinculan con una gracia y un salero cuasi paranormal.

Si por el contrario se toma en serio esta película no es más que una risible (hasta un punto) e insufrible (a partir de los veinte minutos) concanetación de enigmas de chirigota, conexiones imposibles entre tales enigmas, y excesos tecnológicos (tocan un simple botoncito y captan las imágenes cámaras de tráfico o desde el retrete chulean al sistema de seguridad del palacio de Buckingham) protagonizados por una especie de mezcla entre el spielbergiano Indiana Jones y el browniano Robert Langdon.

Al margen de su base de misterios encadenados (es que hay que verlos y oírlos para creerlos) tras un prólogo que nos conduce al asesinato de Lincoln, tenemos los típicos roces de pareja (con finales felices, claro), variados chistes sin originalidad (incluso uno que imita lo de la mano a lo Gregory Peck en “Vacaciones en Roma”) un clímax aburrido pasado por agua y, no podía faltar en Bruckheimer, la mezcla entre tonos grandilocuente, urgente y sentimental, aquí con Cage intentando limpiar el nombre de su familia y Ed Harris con afán de notoriedad.

Es importante reseñar las injusticias que estos revisionistas “investigadores” pueden cometer y, sobre todo, difundir sobre hechos pasados y personajes que ya no pueden defenderse.

Vinculado a la injusticia y el asesinato de Abraham Lincoln por parte de John Wilkes Booth, Nicolas Cage cita el caso del médico Samuel Mudd, acusado y condenado de forma indebida en su día a quien John Ford homenajeó en su aprovechable (especialmente en su primera mitad) “Prisionero Del Odio”.

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