• Por AlohaCriticón

cimarron poster cartel

CIMARRÓN (1960)

Dirección: Anthony Mann.

Intérpretes: Glenn Ford, Maria Schell, Anne Baxter, Arthur O’Connell.

El viaje de una pareja de recién casados, Yancey Cravat (Glenn Ford) y Sabra Cravat (Maria Schell), para conseguir tierras donde asentarse se convierte en la peripecia vital de estos dos personajes y de los que le rodean.

Yancey, y su familia, acaban convertidos en los dueños y editores de un periódico local, siendo así testigos de los cambios que ocurren en la ciudad a lo largo de los años.

El destacado director Anthony Mann, que ya había demostrado sobradamente sus habilidades narrativas en otros films ambientados en el oeste americano como, entre otras, la genial Winchester 73 (1950) o El hombre de Laramie (1955), y que también se especializó en superproducciones históricas como El Cid (1961), alcanza con Cimarrón (1960) un nivel espléndido tanto en lo estético como en lo dramático.

En la película se unen la sensibilidad con la que trata a los personajes, a los que desgrana psicológicamente, con la enorme fuerza de la imagen. Así la escena de la carrera de los colonos para conseguir tierras en Oklahoma, ayudada por un muy marcado y acertado montaje, es de una enorme belleza y tensión.

Cimarrón no es un Western al uso. A pesar de darse los inevitables disparos y puñetazos, conviviendo con veloces cabalgadas y la existencia de buenos y malos todo ello queda soterrado por la historia de un hombre singular. En esta ocasión no será extraordinario por su rapidez en desenfundar, ni por su fuerza física o gran coraje, aunque bien es cierto que algunas de estas cualidades adornan al protagonista. Lo significativo de dicha figura es que es un hombre de verdad, con luces y sombras, capaz de los actos más heroicos a la par que de descuidos y bajezas.

Yancey Cravat (Glenn Ford) es, en líneas generales, un hombre bueno, que defiende sus ideales, pero que carece de la delicadeza necesaria para hacer feliz a su familia, a los que abandona en diferentes ocasiones.

Es un hombre que no renuncia a su verdad, a ser él mismo, y eso le lleva a enfrentarse con su mujer, su entorno y su sociedad, acabando convertido en una suerte de outsider, que salta de peligro en peligro huyendo de una realidad cotidiana que aborrece.

El carácter épico que concede la evolución de una vida a lo largo del metraje, paralela al desarrollo de una ciudad de frontera en el joven EEUU de finales del siglo XIX y comienzos del XX, confiere a la película, junto con unas escenas plenas de magnetismo, un gusto especial convirtiéndola, al parecer del que suscribe estas letras, en una obra maestra del género.Juan Laborda

Enlaces

Glenn Ford

Anne Baxter

Puntuación

AlohaCriticón:
Usuarios:
[Total:24    Promedio:4.4/5]

Tú también puedes votar. Desliza el ratón por las estrellas verdes para dejar tu puntuación

Te puede interesar