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“Journey to the center of the mind”, álbum producido por Bob Shad (un avezado productor de jazz), es el disco más popular de la banda, siendo el tema homónimo, compuesto por Farmer y Nugent, ya un clásico del acid-rock con ese penetrante y cabalgante tempo rítmico, fantástico el bajo de Arama en esta pieza, sonidos fuzz y armonías vocales a lo Who del “Sell Out” con John Drake a la voz principal.
Este subestimado pero magnífico viaje al centro de la mente había comenzado con anterioridad con “Mississippi murderer”, un pausado tema blues-rock interpretado con voz agresiva que nos introduce en el ambiente criminal de la narración. Sensacional trabajo de Solomon en los teclados con un magnífico solo y de Ted Nugent en la guitarra. La verdad es que escuchando cualquier pieza se aprecia la amplia magnitud instrumental de todos sus componentes.
“Surrender to your kings” nos involucra en una ambiente psicoprogresivo que parece mezclar a Jimi Hendrix con Steppenwolf y los Nice de Keith Emerson. Destaca el palpitante bajo de Greg Arama dominando una atmósfera fosca y tensa, que se reitera en “Flight of the byrd”, en donde vuelve a brillar una ácida combinación instrumental con absorbentes y potentes sonidos hard-rock templados en medios tiempos con teclados afilados. Fenomenal solo guitarrero de Nugent en donde demuestra su presteza en el manejo de los dedos.
En la pieza instrumental “Scottish Tea”, se intenta simular melodía de gaita con la guitarra fusionando el folk escocés con el acid-rock estadounidense. Nos transmite a campiñas con hombres bailando con el kilt en días de reunión festiva, mientras que “Dr. Slingshot” es una sobresaliente pieza muy al estilo psico-blues-rock de Cream o Hendrix con un potente riff de guitarra distorsionada y una efectiva superposición vocal. |  |
La segunda parte del álbum, sensacional tramo para los amantes de la psicodelia 60’s, está dominada por la escritura de Farmer, quien enlaza sus temas en un imaginativo derroche de tempos con ostentosos arreglos lisérgicos, membruda instrumentación y fenomenales melodías en piezas de base pop psicoprogresivo con voces lisérgico-evocativas (muchas veces en elevadas armonías) y contraste en ocasiones entre la laxitud oral en las estrofas con los punteos guitarreros de Nugent de cimiento blues-rock, todo arropado en ácido.
Esto se aprecia, siempre con el trabajo melódico incomparable del período, desde “Ivory Castles” hasta la “Conclusion”, pasando por “Why Is a Carrot More Orange Than an Orange?” (vaya preguntita sesuda para una melodía espléndida), “Missionary Mary”, pieza de gran intensidad con voces a lo Who de nuevo, “Death is life”, a lo Pink Floyd de Syd Barrett, “Saint Philips Friend”, balada con sonidos de melancólico piano, o la excitante “I’ll prove I’m right”, una pieza con dinamismo fuera de lo común aportado por un Greg Arama sensacional, voces ejemplares con armonías al final de los versos, y pirotécnicos punteos guitarreros en las estrofas que exponen la maestría de Ted Nugent en las cuerdas antes de convertirse en azote de los vegetarianos y los yonquis.
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