• Por Antonio Méndez

flaminglips-discos-kings-mouth-albumCrítica

Wayne Coyne aprovechó una exhibición de arte para crear “King’s Mouth”, un álbum conceptual de los Flaming Lips que cuenta la historia de un bebé gigante convertido en un rey, muy amado por su pueblo, en cuya cabeza guarda todo el espacio exterior…
Ridículo y sin mucha chicha más allá de descripciones y del absurdo.

El LP tiene como narrador a Mick Jones, el miembro de los Clash, y su sonido space rock, progresivo, cruza a los Moody Blues y Procol Harum de finales de los años 60, a los primeros Genesis de Peter Gabriel o a Pink Floyd.

Al nacer el rey la reina murió.
Sus hermanas lloran, la nación llora.
“We Don’t Know Who And We Don’t Know Why” es la pieza corta y lenta que abre el disco con Jones recitando el parto .
Intro estilo “Viena” de Ultravox y un ambiente espacial repleto de sintetizadores con ruidos de pajarillos y latigazos de percusión electrónica.

Enlaza la apertura con “The Sparrow”
… ayer, todo el cielo era azul, vi un gorrión…
Las penas son menos, ya que el nuevo rey duerme tranquilo en su cuna.
Reverb en space rock con una balada que progresa en medio tiempo.
La melodía es olvidable, aburrida.

flaming-lips-kings-mouth-album-review-fotosEl rey crece como un bebé gigante.
En “Giant Baby” mejora el álbum con un corte melódico psicodélico, ensoñador, espacial.
Coyne en modo dulce al estilo de los grupos 60s de Curt Boettcher.

Menos de dos minutos dura “Mother Universe”, un instrumental con ecos del bolero de Maurice Ravel con oscilaciones y orquestación en un trabajo plausible de arreglos louge ambient.

“How Many Times”.
Uno, dos, tres… No pares, sigue creyendo.
Sonido de un gato.
Relajada pieza de pop sofisticado con toques de Exótica y una variante melódica que eleva la canción de su modorra rítmica.

A partir de aquí hay varias piezas de interés y el álbum mejora de forma notable.
“Electric Fire” crea un sonido electrónico sinfónico, épico, in crescendo, con arreglos magníficos, como si Phil Spector produjera el rock psicoprogresivo de los primeros Moody Blues.
Llega la noche mágica, sentados junto al fuego eléctrico.
Veo la Aurora Boreal.

También es destacada “All For The Life Of The city”…
El rey se pasea por las calles, jolgorio entre sus súbditos.
Pero el rey muere.
Nieve, frío.
Fenomenal canción con complejos arreglos vocales e instrumentales que utiliza elementos del art rock, de la psicodelia, del folk, del vals, del spaghetti western…
Magnífica progresión melódica con variantes, todo en tempo lento.

“Feedaloodum Beedle Dot” es otra canción de mérito.
Ligada a la previa, el ritmo es electro-funk con voz procesada.
El rey ha muerto, le cortan la cabeza.
Sus súbditos podrán disfrutar en su interior del espacio exterior.

Llegamos al “Funeral Parade”.
Mick Jones nos introduce el tema con fondo sonoro de ritmo de marcha y juegos vocales estilo canto gregoriano.
Intensa.

La cabeza se sumerge en acero.
El pueblo la disfrutará.
En “Dipped In Steel” suenan campanas.
Tema lento de un minuto y medio, orquestado, con guitarra fluida.
De transición.

“Mouth Of The King” es un punto culminante del álbum.
Épica progresiva de encantadores arreglos vocales que podrían haber grabado los Moody Blues en el año 1968.

Se cierra el disco con “How Can a Head” con otra pieza orquestada melódica, conexión entre el folk lisérgico y el prog-rock.
¿Como puede contener la cabeza tantas cosas, toda la vida, todo el amor, todas las canciones?
Pensar, recordar.
Para los que sepan.

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