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La ventana indiscreta (1954) de Alfred Hitchcock
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9.3/10Vota tú esta película

LA VENTANA INDISCRETA (1954)

Director: Alfred Hitchcock.
Intérpretes: James Stewart, Grace Kelly, Wendell Corey, Thelma Ritter.

L. B. Jeffries (James Stewart) es un fotógrafo temporalmente inválido que mata el tiempo observando a su vecinos por la ventana que da al patio interior.
Este trivial pasatiempo terminará por reservarle una funesta sorpresa.



Adaptación de un relato corto de Cornel Woodrich, que le sirve al maestro Hitchcock para ofrecer un ejemplar ejercicio de voyeurismo (casi en un autohomenaje, pues Sir Alfred se consideraba un incontinente mirón) que no es más que un refinado tributo al cine y al cinéfilo, partícipe desde la mirada irónica del director británico de las diferentes y cotidianas intrahistorias de un diverso muestrario de caracteres, como una escultural bailarina, un matrimonio que alivia su calor estival durmiendo en el balcón, un viajante y su doliente esposa, la infeliz señorita corazón solitario, un músico sin mucho éxito o una fogosa pareja de recién casados.

Esta singularidad no menoscaba el excelente material de misterio y suspense, con un trasfondo latente de tipo sentimental, que esta gran película desarrolla, empleado como McGuffin para ofertar la composición anteriormente citada.

El film, claustrofóbico y absorbente, presenta una gran interpretación de James Stewart, acompañado por la rubia favorita del director, Grace Kelly, siempre refinada en sus modales y apariencia (vestida en esta ocasión por la omnipresente Edith Heath), sin olvidar el trabajo de Thelma Ritter y Raymond Burr, secundarios de lujo para cualquier producción cinematográfica.

La tensa narración hitchcockiana, puesta en escena en un reducidísimo espacio, la magnífica utilización del tempo como expositor de la situación de suspense o la brillante fotografía de Robert Burks hacen de este título uno de los mejores trabajos del inigualable autor inglés.

Enlaces

Alfred Hitchcock
James Stewart
Grace Kelly


La superficialidad con que Hitchcock inició su andadura por el mundo del género “irónico-suspense”, poco a poco se va transformando en más compleja.
De sus películas, cada vez se pueden extraer más análisis, a través de las múltiples lecturas que el ingenio narrativo del director deja sutilmente insinuados.

Y es que, seguramente, estemos en la época más creativa de Alfred Hitchcock, y quizás, en este caso, estemos también ante su mejor trabajo del momento.
Sin abandonar nunca a su público menos meticuloso, “La ventana indiscreta” no deja de ser su clásica película de suspense, expuesta en un agradable tono de comedia.
Pero como insinuó el propio director: “Quien ve en este filme solo una diversión, se parece mucho a su protagonista, que se contenta con observar la vida de los demás, desde lejos, para evitar examinar la suya propia”.

El argumento de la película, cuenta, como, un reportero gráfico, Jeff (James Stewart), desde la silla de ruedas en la que se encuentra convaleciente de un accidente, observa por su ventana la vida del vecindario, como entretenimiento a su obligado reposo. En un momento dado, sospecha que se haya cometido un crimen en un apartamento de enfrente. En su esclarecimiento, implicará a su novia Lisa (Grace Kelly), a su enfermera y a su amigo policía; con sus distintos grados de aceptación sobre la indiscreta sospecha.

Pero, toda esta historia, no representará mas que la consabida coartada, “McGuffin”, que Hitchcock utiliza habitualmente como excusa, para exponer “a hurtadillas”, sus verdaderas intenciones.
Quizás la tesis principal que plantea la narración, sea la extraña relación de pareja entre Jeff y Lisa. Ésta, desea que su noviazgo termine en matrimonio; mientras que el reportero, teme la responsabilidad y la atadura que representaría este paso.
El enfrentamiento con este conflicto, tratará de demorarlo, precisamente, volcándose en espiar la vida de los demás (por distracción o profesionalmente).
Actividad, a través de la cual, Hitchcock, aprovecha para mostrarnos todo un recorrido por el lado menos amable de las relaciones personales: las dificultades entre las propias parejas, la desesperación de la soledad, o la insolidaridad entre el vecindario.
Argumentos poco atractivos para abandonar la soltería. Aunque, de nada servirá esta “huida”, tal y como nos muestra irónicamente la última escena del filme.

Otro de los temas que sugiere la película, es el sentimiento de “voyeur” que todos llevamos dentro. Prácticamente todo el filme esta rodado desde el punto de vista de un “mirón”. Punto de vista, en el que no solo se siente cómodamente instalado James Stewart, sino que, con él, nos complacemos todos los espectadores del cotilleo en la vida del vecindario. Quizás más entretenido que mirar en la propia.

También aprovecha para poner en solfa la moralidad del fotógrafo (o del periodista), que entra en la vida privada de las personas, a menudo, sin medir las posibles consecuencias. El castigo final del reportero entrometido, arrojado desde su privilegiado observatorio, nos da una clave de la opinión, siempre escrupulosamente moralista, del director inglés.

Pero, en el grupo de esos “curiosos” compulsivos, en los que ya hemos incluido a los espectadores, ¿no deberíamos implicar también, no solo como “mirones”, sino como verdaderos inductores al “voyeurismo”, a los propios cineastas?. Y, por lo tanto ¿qué es el propio cine?.

Ángel Lapresta


L.B Jeffries es un fotógrafo con una pierna fracturada, cuyo entretenimiento es el teatro de la vida, el día a día de sus vecinos, los observa y los estudia, descuidando así sus propias obligaciones.
Una noche en vela, como cualquier otra, Jeffries muy posiblemente se ha hecho a sí mismo testigo de un crimen pasional en uno de dichos hogares.

Magnifica puesta en escena de la cotidianeidad en un pequeño bloque de edificios de apartamentos, explotando hábilmente no solo la trama de intriga y asesinato, sino también la lucha entre los siempre inconformes intereses masculinos y femeninos dentro de la privacidad del hogar.

Tal vez una de las cintas mas entretenidas y ligeras de un Hitchcock que despliega, como siempre, esa capacidad innata tanto de proveer a la audiencia de romanticismo y cinismo antológico, como de llevarlos a ser participes de las peripecias de la ambigüedad moral de sus personajes centrales, un formidable James Stewart, encarnando a un voyeur confinado a su silla de ruedas, cuyos antojos se concentran en el show que le proporcionan los vecinos de su conjunto residencial, y cuya vida amorosa se tambalea entre su incapacidad para formalizar su relación y la intensidad e insistencia de su bella y adinerada novia, la hermosa y cándida rubia Grace Kelly.

Rear Window cuenta con el usual gran apoyo de Robert Burkes en la fotografía, un divertido y ameno guión de John Michael Hayes, en su primera colaboración con Hitchcock, y la siempre embelesante maestría del director Británico por adentrarnos en una situación aparentemente común que detonará todo un sinfín de momentos repletos de tensión y desasosiego, una soberbia ejecución de planos subjetivos, de pausado tempo, engranaje necesario para una consecución final más que satisfactoria.

Otro film monumental que el gran Hitch regalaría a la posteridad.

Pierluigi Puccini

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