• Por Antonio Méndez

fuzz-ii-album-criticaFuzz es Ty Segall en modo Black Sabbath. Con Fuzz, Segall recrea la psicodelia garajera ácida, al heavy lisérgico de finales de los 60 y comienzos de los 70, principal influencia también del sonido conocido, en el universo “etiquetitis”, como stoner rock, otra ascendencia del californiano, aquí ocupado en la batería y en la voz unido en el proyecto al guitarrista y vocalista Charles Moothart y al batería Roland Cosio.

“II” es más de lo mismo que lo ofrecido en su debut “Fuzz” (2013)… Riffs contundentes, pegadizos, distorsión, energía, afectación, atmósferas paranoicas, irreales, caóticas… ahora me inspiro en el rock garajero, más tarde en el acid rock, en el heavy, en el space rock o en el prog-rock… huellas de los citados Black Sabbath, el principal fundamento del sonido del álbum en cuanto a influencia, pero también de Jimi Hendrix, Blue Cheer, Hawkwind, Vanilla Fudge, Uriah Heep

“Time Collapse Part 1/The 7Th Terror” es la apertura y uno de los mejores momentos del LP. Por favor, ayudadme, estoy rodeado de miedos, dentro de un agujero y no puedo salir, tengo cables mecánicos en el cerebro, veo caras sin nombres, estoy atrapado en un vaso… podrán incluso beber al pobre Segall. Parece una banda sonora de un film apocalíptico de serie B de Roger Corman mezclando a Salvador Dalí con Edgar Allan Poe con sonido potente hard acid rock.

Armas de fuego, multitud congelada, me deslizo por el hielo. Ty ve kamikazes por la autopista, árboles que se doblan… En “Rat Race” estamos ante un reflejo expresionista de una mente destrozada por pensamientos macerados en agua, en moho. Buen remedo, estilo Hendrix-Sabbath, del heavy psych 60-70.

“Let It Live” es una disfrutable mezcla entre el psicoblues rock de la Jimi Hendrix Experience y los Status Quo psicodélicos del año 1968. Desarrollos intensos. Instrumentación vibrante. Ando, miro a la gente, mis pies tocan el vacío. Esto es lisergia melódica.

Egoísmo. Vacío. En “Pollinate” remachan su tono habitual de abandono, de pérdida, de apocalipsis, de oscuridad. Mira al cielo, un lugar en donde esconderse. Buenos arreglos guitarreros en un convincente hard rock psicodélico que recuerda tanto a Black Sabbath como a Blue Cheer.

Intentan alcanzar la luz en “Bringer Of Light”… millones de mentiras, millones de lágrimas… Otro calco de los esenciales discos de Black Sabbath de comienzos de los años 70.

El problema del álbum es que comienza a repetirse demasiado, convirtiéndose en formulista.

“Pipe” es otra canción derivativa que parece sacada del catálogo de los Sabbath. Nunca estarás solo. Nunca volverás a casa…. Estos son una secta.

Tribalidad en “Say Hello”. Toques orientales, raga, blues, psicodelia… Laxitud vocal. Pasable neopsicodelia.

fuzz-ii-critica-discoUna guitarra más limpia comienza “Burning Wreath”. Psicogaraje al estilo 60’s con las mismas pajas mentales de siempre.

“Red Flag” cambia un tanto la fórmula con una pieza de menos dos minutos de punk garajero. Soy la sanguijuela informativa. Soy tu pesadilla.

“Jack The Maggot” es un corte lento con la misma receta ruidista-lisérgica de Ty Segall con Fuzz, aquí con adornos de armonías vocales.

“New Flesh”es un cruce entre Black Sabbath, Hawkwind y Redd Kross. Masas cibernética, tierra yerma. La inconsciencia de vivir en formato space rock.

El instrumental “Sleestak”, pretensión de garaje espacial propicio al baile como una mezcla entre el garage rock 60’s y la new wave de B-52’s, es la antesala de la sobresaliente “Silent Sits The Dust Bowl”, canción que conjunta las esencias de Fuzz con un plausible trabajo en arreglos, estructura y texturas.

El ambicioso final es “II”, facsímil válido de Hawkwind que concluye un disco demasiado largo y un tanto reiterativo.