Después de rodar dos obras maestras como "Atraco Perfecto" y "Senderos de gloria", Stanley Kubrick fue requerido por Kirk Douglas, productor ejecutivo de la película y protagonista de la anteriormente citada "Senderos de gloria", para reemplazar a Anthony Mann, un magnífico director, autor de las escenas que transcurren en el campamento de los gladiadores, que debido a las desavenencias con la estrella del film tuvo que abandonar el rodaje.
El joven Kubrick acudió presto a la llamada, y aunque no se trate de una obra totalmente personal, sí demuestra una capacidad narrativa que viaja más allá de la épica inherente al producto.
Al tono épico aludido se le adhiere, en no pocas escenas, una acentuada entonación de naturaleza lírica y claro mensaje ideológico, desprendido del espléndido texto de un guionista perseguido por la Caza de Brujas, Dalton Trumbo, que basó su trabajo en la novela homónima de Howard Fast.
La vida en libertad es el anhelo que persigue todo ser humano y este es el cimiento principal del film, una libertad que puede ser coartada o protegida mediante las diversas formas organizativas de los estados, maneras contrarias de sistematización, puestas de manifiesto en los idearios políticos de los personajes encarnados por Charles Laughton y Laurence Olivier, excelentes en su interpretación.
A su lado, un impresionante plantel de actores liderados por Kirk Douglas en una de sus interpretaciones más populares, Tony Curtis, Jean Simmons, Woody Strode, John Gavin o Peter Ustinov, que conseguiría el Oscar por su simpática actuación.
Destaca también la banda sonora de Alex North y el gran trabajo de fotografía de la pareja Russel Metty y Clifford Stine, puntos esenciales de este soberbio peplum que, además de su función de entretenimiento, ofrece al espectador la sana oportunidad de enriquecer y motivar a su intelecto.
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Stanley Kubrick
Kirk Douglas
Tony Curtis
Jean Simmons
Peter Ustinov
Laurence Olivier
John Gavin
Charles Laughton

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Prácticamente la mejor película de la historia y la mejor de entre las
épicas. Espartaco reune una serie de requisitos que solo se dan en las más
grandes producciones cinematográficas de todos los tiempos. Antes de
comenzar a ver el film nos hacemos eco de los siguientes aspectos. El
reparto de actores es estelar e inmejorable, con intérpretes de la talla de
Laurence Olivier (para muchos el mejor actor de la historia), Charles
Laugton, Kirk Douglas interpretando al protagonista de forma excepcional,
Peter Ustinov (estupendo en su enésimo papel de corte cómico), Tony Curtis,
John Gavin cumpliendo y el caso aparte de la protagonista femenina, Jean
Simmons haciendo un papel brillante (es de esas ocasiones en que te da la
sensación de que ninguna otra actriz podría haber sido mejor para ese
papel). Debemos además contar con el precedente contextual en que se produce
la película. Esta es la etapa en que Kirk Douglas, estrella consagrada entre
estrellas del Hollywood de la época, comienza a realizar producciones
propias, todas ellas de un nivel cinematográfico, artístico y económico
altísimo (Senderos de Gloria, Los Vikingos y ésta misma). |
La producción no
escatima en gastos y los resultados en pantalla son grandiosos. El guión es
magnífico, emancipado de los valores religiosos frente a otras grandes obras
del género como Ben-Hur y el resto de películas épicas de los 50 y
principios de los 60. Guión que cuenta además con la típica anécdota
simbólica que le da un punto de legendario y que lo engrandece todavía más:
todavía en tiempos de cruzada comunista, Kirk Douglas decidió finalmente
colocar el nombre del creador del guión de Espartaco, Dalton Trumbo, un
personaje vigilado de cerca por su tendencias políticas, en plena pantalla
al principio de la película. Insisto en que el guión es de lujo y de un
extraordinario rigor histórico (atención a los diálogos entre Julio-Cesar y
Craso).
Entrando a valorar la película en sí misma, decir que es el resultado de lo
que hemos acabado de comentar. El film es un espectáculo épico rodado en
escenarios muy cuidados con paisajes que nos hacen pensar que la película
fue rodada en la Italia de hace más de 2000 años. La propia ciudad de Roma,
realizada en maqueta, es simplemente genial y nos da una sensación de
realismo que el fenómeno de 'ordenadoritis' actual todavía no ha logrado
alcanzar (Gladiator). No es necesario entrar a valorar lo bien narrada que
está la película, a mí más me gustaría destacar la grandeza que algunas
escenas de la película, como la de la batalla entre esclavos y ejército
romano, la más impresionante jamás rodada, por su detalle, el vestuario y
las vistas panóramicas espectaculares en las que se podía observar a un
ejército de legionarios romanos realizando maniobras. La escena tras la
batalla pefiero no comentarla porque merece ser vista antes que leída, solo
decir que es una obra de arte, parece un cuadro renacentista. En realidad
así es toda la película, en la escuela de gladiadores, en la villa de Craso,
en la de Graco, en el Senado, en los campamentos de esclavos (en la playa, a
la espera de los barcos piratas). Magníficos escenarios en los que se
desarrollan mejores escenas (incluída la famosa del baño de Craso, en la que
Stanley Kubrick no puede resistirse a dejar su sello particular).
La historia de amor contada en esta película es la más tierna y pura que yo
he visto ("yo no soy un animal"), la banda sonora de Alex North es excelsa y
el final de la película es apoteósico. De esas películas que nunca más
volverán a hacerse. Wilt Chamberlain
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