• Por Antonio Méndez

funeral arcade fire the album review portada coverCrítica

“Funeral”, álbum debut de Arcade Fire, fue considerado de manera rotunda por David Bowie, una de las principales referencias sonoras del álbum, como el mejor disco del año 2004.
Puede que no lo fuese.
Puede que sí.
Lo que es cierto es que se trata de un primer disco fenomenal, muy recomendable, envuelto en tonos fríos, invernales, de gran riqueza instrumental y notable intensidad emocional en su exposición de relaciones interpersonales y reflexiones sobre la vida y la muerte.

“Neighborhood#1 (Tunnels)” desarrolla con concepto art rock un tono épico y afectado con buena imaginería e ímpetu sensorial.
Es una historia de amor entre dos vecinos que se comunican por un túnel para consumar su relación.
Posee gran densidad en texturas con prominente piano y un ritmo moderado in crescendo en su tempo, uso de etéreos sintetizadores y cánticos de corte casi operístico.

“Neighborhood (Laika)” se centra en problemas familiares, con la presentación de un hermano mayor muy conflictivo.
Enérgica mezcla de acordeón que evoca ambientes franceses, cortantes acordes guitarreros y cuerdas.
La pieza, muy a lo Talking Heads, está iniciada con relevante percusión de tipo tribal.
Las voces se ejecutan en los versos con chillonas armonías.

“Un Anne Sans Lumiere” parece emplear la metáfora de la oscuridad y las sombras para abordar la ceguera de un padre que prefiere no enterarse de la relación afectiva de su hija.
Hermoso medio tiempo de conseguida atmósfera, con guitarras y voces calmas y una parte final de mayor intensidad rockera.
Apoyo en armonías de Régine para un Butler a lo David Byrne, cantando partes de los versos interpretados en francés.

En “Neighborhood (Power Out)” hay un contraste con el tema y la música.
En la lírica parece producirse una queja por la insensibilidad, frialdad, por el acomodo urbano; mientras que el ritmo instrumental es todo menos frío.
Se desarrollo un tempo muy enérgico, con similitudes con New Order y un muro de sonido edificado con agitadas guitarras, desabrida batería y un destacado y pegadizo xilófono.

“Neighborhood (7 Kettles)” es un corte de tonalidad desilusionada sobre el tiempo y la escasa invariabilidad vital.
Es una balada melódica, un tema folk orquestal con percusión retumbante que puede recordar al “Hunky Dory” de Bowie o a las piezas acústicas del “Álbum Blanco” de los Beatles. Incluso posee un aire oriental con una iteración sónica casi mantra.

“Crown Of Love” es una canción de requerimiento amoroso ante la indiferencia y poca concrección de su objetivo sentimental.
Se trata de otra balada con arreglos de cuerda, más melodramática, que tanto aparenta un vals como remeda una balada pop de finales de los años 50.
El tema culmina, en un abrupto y sorprendente cambio de registro, con una movida coda que podría estar firmada por el grupo sueco ABBA.

“Wake Up”, medio tiempo con riff hard rock, acompañamiento orquestal y coros épicos, parece ubicarse en la pérdida de inocencia infantil y la condescendencia vital con un destino ineludible: la muerte. También muy al estilo David Bowie.

En “Haiti” toma la voz principal Régine de Chassagne.
Es un corte de cálidos aires caribeños, incluso folk pop a lo Simon & Garfunkel, con fondo autobiográfico sobre la estancia en Haití de la familia de la cantante.

“Rebellion (Lies)” apresura el ritmo con una magnífica, penetrante pieza art rock centrada en el sueño (¿la muerte?) como evasión.
El potente bajo marca el tempo antes de la entrada de un insistente piano y la voz de Butler con un progreso rítmico fenomenal, muy propicio al baile, con guitarras, pianos, baterías, sintetizadores y herencias de Bowie, T. Rex o Roxy Music.

El álbum se cierra con “In The Backseat”, tema cantado de nuevo por Régine (con un estilo y voz muy parecido a Bjork) que crea una metáfora sobre el abandono de responsabilidades y riesgos (¿de nuevo la muerte?) y la permanencia en un segundo plano con el viajar plácidamente en la parte trasera de un coche mientras otro conduce.
Balada vaporosa, sutil, de tono melancólico, con un bonito violín de Sarah Newfield y la inclusión puntual de enardecidas guitarras.
La canción va acentuándose en todos sus aspectos con el paso de los segundos hasta alcanzar un intenso clímax.

Gran debut.

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