Primer título como director de George Clooney, quien se alía con Charlie Kaufman, guionista bastante imaginativo en la difícil labor de idear originales situaciones y psicologías, tanto en televisión con “Búscate la vida” como en sus colaboraciones cinematográficas con Spike Jonze (“Adaptation” o “Como ser John Malkovich”). Junto a Kaufman Clooney recrea las peripecias de Chuck Barris, un personaje de doble vida que trabajaba como showman televisivo al mismo tiempo que ejercía el papel de matón para la CIA.
Con un espléndido Sam Rockwell en la piel de Barris, “Confesiones de una mente peligrosa” mezcla el biopic (con una historia de dudosa base real), el estudio de personaje, la comedia dramática con rasgos negros y los filmes de espías, para conformar un interesante título que denota capacidad en la dirección de intérpretes por parte de Clooney, con cameos de gente como Brad Pitt o Matt Damon, y un ponderado talento visual (con mención especial para el fotógrafo Newton Thomas Sigel) sin demasiada singularidad (el estilo es deudor de los hermanos Coen y de Steven Soderbergh, productor de la película), el cual, a diferencia de otros debutantes y con el peligro de solapar carencias narrativas, no termina de escapársele de las manos, captando de manera perfecta los diferentes períodos en los cuales se desarrolla la acción y el momento y desarrollo psicológico del protagonista central.
Al someterse al libro de Barris, el guión de Kaufman, con una propuesta de doble vida bastante manida, carece del ingenio e intoxicación de sus otras propuestas, pero escribe una película entretenida, sofisticada y estilosa que cuenta con la presencia del tristemente olvidado Rutger Hauer y de una banda sonora la mar de escuchable, con los Who, Link Wray o Peter, Paul & Mary alegrándonos los oídos.
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