• Por AlohaCriticón


Dirección: Sam Raimi.
Intérpretes: Tobey Maguire, Willem Dafoe, Kirsten Dunst, James Franco.

Película basada en un cómic de Stan Lee y Steve Ditko. Con guión de David Koepp (“La Habitación Del Pánico”, “El Último Escalón”).

Sinopsis

Peter Parker (Tobey Maguire) es un tímido y aplicado estudiante de un instituto neoyorquino que se encuentra enamorado de la guapa Mary Jane Watson (Kirsten Dunst). Un buen día y tras ser picado por una araña manipulada genéticamente, adquirirá unos poderes sobrenaturales que le convertirán en Spiderman. Tras el fallecimiento de su tío Ben (Cliff Robertson) a manos de un delincuente, Peter decidirá utilizar esos poderes para luchar contra el mal.

Crítica

Todos los ingredientes se encuentra aquí: el protagonista heróico, el antagonista maléfico y los secundarios que implican emocionalmente a los dos pivotes principales de la historia. Esta historia, nunca manejada con aceleración y sí con un agradecido tacto que permite definir con pausa los postulados sentimentales del personaje central, mantiene una lógica exposición dual. Por una parte nos muestra los contactos familiares y sentimentales (demasiado reiterativos en las apariciones de una sexy y sonriente Kirsten Dunst) y por otra muestra una acción enérgica con un uso estupendo de efectos digitales que transmiten con aptitud los poderes arácnidos del famoso superhéroe de la Marvel.

¿Qué falla entonces para que “Spider-Man” no se convierta en un clásico del género? Primero, el guión es muy humilde en sus pretensiones, intenta indagar en la humanidad del carácter principal pero necesitaría de una línea general más dinámica.

El segundo problema, englobado dentro del melifluo guión, concierne al Duende Verde, caracterizado de manera muy distinta al personaje original; carece de objetivos de peso para convertirse en una seria amenaza para la humanidad y el desdoblamiento psicológico entre Norman Osborn y su creación necesitaría mayor imaginación en su descripción. Por último, la exposición del relato cinematográfico de Sam Raimi está demasiado calculada, sin que su inspiración y tonalidad narrativa vayan más allá de una fláccida recreación del cómic.

Los primeros minutos del film, la fantástica escena de ataque al festival musical y la interpretación de Tobey Maguire son las mejores virtudes dentro de un conjunto un tanto desaborido.

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Hollywood ha dado una nueva vuelta de tuerca frente a las siempre atractivas adaptaciones de los superhéroes al cine. Primero Superman (1978) rescató al género de superhéroes del formato matiné y camp que habían tenido (sufrido) anteriormente y lo llevó al nivel de superproducción.

Luego, Batman (1989) redefinió de raíz el concepto visual y estéticamente y lo llevó a una profundidad sicológica y a una adultez que no se conocían. Pero esos eran personajes DC y ahora era el turno de los personajes de Marvel.

No nos engañemos, cuando una película lleva el nombre de un personaje tan destacado como los antes mencionados, el éxito es casi seguro. Pero eso no justifica la aproximación escogida por Sam Raimi para Spiderman, que resultó floja, prefabricada y carente de cualquier riesgo.

En pocas palabras lo que Raimi hizo fue combinar los usuales ingredientes del Hollywood de hoy y llevarlos apenas un poco por encima del pobre promedio actual sin dejar nunca de ser obvio en sus deseos de capturar a un público tal héroe es tan conocida que es como contar la historia de Pedrito y el lobo, pretendiendo sorprender a la audiencia con el final de la historia. Aún así, para un público que nunca la haya conocido antes, hay un valor narrativo y estructural que es vertido directamente de la historieta sin mérito alguno para Raimi más que el no haberlo echado a perder.

Luego, aparece el villano, sin más razón que el obligado conflicto que tiene que tener una aventura de superhéroe. Willem Dafoe hace lo mejor que puede con un guión tan débil para interpretar a Norman Osbourne/Duende Verde. El personaje tiene matices de Jekyll & Hyde que no van más allá de la escena frente al espejo.

El Duende nace, concreta una venganza personal y queda sin más que hacer, de modo que pasa el resto del filme le pidiéndole una y otra vez a Spiderman unir fuerzas.¿Para qué? Nadie termina por saberlo ni parece importar mucho tampoco. Un trillado “conquistar el mundo” hubiera dado algo de sustento. Pero ni eso. Dafoe, cuyo rostro y expresividgota de tizne, telarañas que desaparecen de una toma a otra, etc), lo que no hace otra cosa que decirnos a gritos que el asunto aquí es ver cuánto se parece esto a su fuente original (como si eso importara en algo o implicara de alguna forma algún tipo de calidad) o a cuántos puede llegar a gustar, mostrando un desprecio absoluto por los temas, personajes y el amor al detalle.

De lo poco rescatable destaca la sólida pero corta interpretación de J.K. Simmons como el detestable y adorable J.J. Jameson y algunas ironías accidentales: al personaje de Kirsten Dunst se le recomienda tomar clases de actuación y el Duende Verde resume la película en una de sus líneas: “Ah, Spiderman, eres patéticamente predecible”.

Alejandro Rivas

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