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Estimable y hasta sorprendente thriller de espionaje. Sorprendente no porque se eleve por encima de unas constantes tópicas, hecho por otra parte lógico en su naturaleza como película de género, sino por el perfecto equilibrio entre sus elementos, catacterística bien rara en el último cine de Hollywood, que suele engullir la historia y los personajes con una insoportable maquinaria de insufribles efectos y asfixiante acción, efectos y acción que tienen que estar engranados y entendidos en el film como medio no como fin, ya que una buena película se sustenta en el reajuste expresivo de las referencias narrativas y visuales, sin excesos efectistas ni subrayados inútiles.
"El caso Bourne" recuerda a los thriller de los años 60 y 70, cuando gente como Terence Young, Sidney J. Furie, John Frankenheimer o Guy Hamilton intentaban pulir con artesanal labor fílmica y no con inane artificio, historias sustentadas en un guión más o menos aceptable y en unos personajes perfectamente integrados en esa historia, sin otro afán que entretener al espectador con un protagonista atractivo y un relato rítmico que exhiba un buen manejo proporcional y puntual de la intensidad dramática y la tensión, en armonía con las distintas emociones que conforman el conjunto del film.
Doug Liman realmente sabe conseguir que la funcionalidad escapista de la película se compacte en un plausible y entretenido ejercicio cinematográfico, que además de satisfacer a los palomiteros de cierta enjundia neuronal, conseguirá distraer a los amantes de los pretéritos thrillers realizados en tiempos de la Guerra Fría.
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