El notable director australiano Peter Weir (autor de la magnífica “Picnic en Hanging Rock”) acomete la obra de Patrick O’Brian, centrada en dos personajes principales: el capitán Jack Aubrey y el médico Stephen Maturin, elaborando una estupenda película de aventuras marítimas que, a pesar de contar con secuencias de acción estimables, somete la misma a la historia y sus personajes, a sus objetivos y a sus relaciones personales y profesionales en un microcosmos netamente hombruno.
La realización resulta brillante sin caer en la masturbación visual y el ritmo no cuenta con acelerones bruscos ni morosidad importuna. Se acomoda el tempo al ritmo interno de la escena y a la interacción entre los personajes, con momentos para el humor, la aventura y el sentimentalismo, siempre dentro de las jerarquías militares y el mundo de la marinería, con textos muy válidos y discursos nada latosos sobre el poder, la tiranía, la jerarquía, el valor, la disciplina o la amistad, que sirven para dar a conocer más a sus personajes y sus motivaciones vitales.
La acción con la pretensión de ser realista vuelve a exhibir las pautas actuales de estridencia y alborozo sonoro junto a planos cortos rápidamente editados que embrollan más que revelan pero que consiguen su objetivo de proporcionar cierta épica a las situaciones de corte más beligerante.
La historia puramente naval con una cuidada jerga náutica y un sentido de la aventura y atmósfera bastante adecuado (con tormentas agitadas, cañonazos a tutiplén, roces entre subordinados, supersticiones, abordajes, relatos de idealismo y héroes) se complementa con el interesante personaje encarnado por un excepcional Paul Bettany, sosia de Charles Darwin con planteamientos sobre la teoría de la evolución que muestran el asombro del científico, el mismo que seguramente debió sentir Darwin cuando visitó a bordo del “Beagle” las Islas Galápagos.
En esta aventura con alma y cerebro destaca la complicidad entre estos dos magníficos intérpretes, Russell Crowe y Bettany, quienes anteriormente ya habían trabajado juntos en “Una mente maravillosa”.
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Peter Weir
Russell Crowe
Paul Bettany
James D'Arcy

"Master and Commander" supone el regreso a las pantallas del australiano
Peter Weir ( "Unico testigo", "El club de los poetas muertos" o "El show de
Truman"), adaptando dos de las novelas del escritor británico Patrick
O´Brian, sobre las andanzas del capitán Aubrey y su inseparable doctor
Stephen Maturin. Antes que nada hay que reconocer que lo ha hecho de manera
harto solvente.
Y es que la propuesta de Weir es como una buena novela de aventuras, no
resulta árida para que la vean los chavales, ni intrascendente como para no
ser apreciada por un público más adulto. Con una duración de dos horas
largas que se pasan volando, Weir nos introduce en el mundo de los marineros
con sus diversos sucesos y atribulaciones, todo ello a la manera clásica,
sin planos de tres segundos de duración, ni diálogos pretendidamente
modernos que hagan la película más atrayente para el público más adocenado.
No quiero decir con ello que en el film se vea crecer la hierba, que no es
así, pero se aprecia una sólida estructura interna que posibilita un ritmo
llevadero, con unos personajes bien definidos y cuya interrelación tiene
tanta importancia para el director como los sucesos más grandilocuentes.
Destaca también la sobriedad de la que hace gala Weir a la hora de exponer
ciertos momentos, como las operaciones a los marineros, mostradas con
naturalidad sin caer en lo morboso. No se puede dejar de nombrar tampoco la
espectacularidad de las luchas entre los barcos (en especial el abordaje en
el tramo final), la visita a las islas Galápagos, o la tormenta del Cabo de
Hornos, todas estas escenas tan sobrias como interesantes.
En el apartado actoral, reseñar que todos los actores cumplen su cometido
con convicción, siendo creíbles como marineros. Resalta el duelo
interpretativo de Russell Crowe y Paul Bettany (excelente este último como el
doctor Maturin), en el que se muestra la sincera amistad de ambos, siendo
Maturin una especie de voz de la conciencia de Aubrey, con opiniones
contrapuestas ambos, pero unidos en su pasión por la música clásica.
En definitiva, una estupenda película de aventuras marinas la mar de
entretenida y con la suficiente chicha en su interior para resultar bastante
superior a chorradas infantiloides como "Piratas del Caribe".
Un claro
ejemplo de buen cine comercial, que no hubieran desdeñado realizar Raoul
Walsh o David Lean.
David García
Nos vemos abrumados por
tormentas demoledoras, luchas sin cuartel, vidas perdidas, y otras dañadas y
marcadas para siempre. Sin embargo, es la relación entre el indomable
capitán y el rebelde doctor Stephen Maturin (también excelente Paul Bettany)
donde reside el mayor interés e hilo conductor de la película.
Pero tal argumento no se pierde entre efectos especiales, si no que Weir ha
sabido dotar a la aventura de buen ritmo narrativo, de personajes
carismáticos y definidos, de relaciones humanas y de secuencias
espectaculares que nunca llegan a la exageración típica de las
superproducciones.
Tenemos la sensación de estar ante una de aquellas epopeyas marítimas del
cine clásico donde los silencios, los gestos, las miradas y unas pocas y
significativas palabras entre el capitán y su tripulación valían mucho más
que las batallas sin medida.
Éowyn
El resultado: grandes interpretaciones (magnífico Paul Bettany), un guión que desarrolla muy bien las relaciones entre los personajes, buen apartado técnico y ningún tópico fácil, que consiguen que Master and Commander sea una de las mejores y más maduras películas del año.
Es realmente esperanzador ver cómo algunas de las películas actuales (entre las que se encuentra ésta) están resucitando el buen cine comercial, ése en el que los efectos especiales son lo de menos.
Un 9; señor Weir.
Wishi
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