• Por Antonio Méndez


Dirección: Peter Weir.
Intépretes: Russell Crowe, Paul Bettany, Billy Boyd, James D’Arcy.

Película basada en libros de Patrick O’Brian. Con guión de John Collee (“Máscara De Papel”) y Peter Weir (“Matrimonio De Conveniencia”, “Sin Miedo a La Vida”).

Sinopsis

En la época napoleónica y junto a las costas brasileñas se halla el barco inglés “H.M.S. Surprise” comandado por el capitán Jack “El afortunado” Aubrey (Russell Crowe), antiguo subordinado del Almirante Nelson. Después de un terrible ataque, Aubrey se obsesiona con localizar y derribar a la poderosa fragata francesa “Acheron”. En la tripulación del “Surprise” se encuentra su mejor amigo, el cirujano de origen irlandés Stephen Maturin (Paul Bettany)

Crítica

El notable director australiano Peter Weir (autor de la magnífica “Picnic en Hanging Rock”) acomete la obra de Patrick O’Brian centrada en dos personajes principales: el capitán Jack Aubrey y el médico Stephen Maturin, elaborando una estupenda película de aventuras marítimas que, a pesar de contar con secuencias de acción estimables, somete la misma a la historia y sus personajes, a sus objetivos y a sus relaciones personales y profesionales en un microcosmos netamente hombruno.

master-and-commander-fotosLa realización resulta brillante sin caer en la masturbación visual, y el ritmo no cuenta con acelerones bruscos ni morosidad importuna. Se acomoda el tempo al ritmo interno de la escena y a la interacción entre los personajes, con momentos para el humor, la aventura y el sentimentalismo, siempre dentro de las jerarquías militares y el mundo de la marinería, con textos muy válidos y discursos nada latosos sobre el poder, la tiranía, la jerarquía, el valor, la disciplina o la amistad, que sirven para dar a conocer más a sus personajes y sus motivaciones vitales.

La acción con la pretensión de ser realista vuelve a exhibir las pautas actuales de estridencia y alborozo sonoro junto a planos cortos rápidamente editados, que embrollan más que revelan pero que consiguen su objetivo de proporcionar cierta épica a las situaciones de corte más beligerante.

La historia puramente naval, con una cuidada jerga náutica y un sentido de la aventura y atmósfera bastante adecuado (con tormentas agitadas, cañonazos a tutiplén, roces entre subordinados, supersticiones, abordajes, relatos de idealismo y héroes), se complementa con el interesante personaje encarnado por un excepcional Paul Bettany, sosias de Charles Darwin con planteamientos sobre la teoría de la evolución que muestran el asombro del científico, el mismo que seguramente debió sentir Darwin cuando visitó a bordo del “Beagle” las Islas Galápagos.

En esta aventura, con alma y cerebro, destaca la complicidad entre estos dos magníficos intérpretes, Russell Crowe y Bettany, quienes anteriormente ya habían trabajado juntos en “Una Mente Maravillosa”.

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Peter Weir
Russell Crowe
Paul Bettany
James D’Arcy


En plena guerra contra Napoleón, el navío británico “Surprise” tiene la misión de dar caza y eliminar al buque francés “Acheron”. Pero cerca de las costas de Brasil el barco francés les coge por sopresa y les bombardea diezmándolos. A partir de ahí, el capitán Jack Aubrey (Russell Crowe) y su tripulación emprenderán una carrera frenética por los mares del Sur para dar caza al “Acheron”.

“Master and Commander” supone el regreso a las pantallas del australiano Peter Weir ( “Unico testigo”, “El club de los poetas muertos” o “El show de Truman”), adaptando dos de las novelas del escritor británico Patrick O´Brian, sobre las andanzas del capitán Aubrey y su inseparable doctor Stephen Maturin. Antes que nada hay que reconocer que lo ha hecho de manera harto solvente.

Y es que la propuesta de Weir es como una buena novela de aventuras, no resulta árida para que la vean los chavales, ni intrascendente como para no ser apreciada por un público más adulto. Con una duración de dos horas largas que se pasan volando, Weir nos introduce en el mundo de los marineros con sus diversos sucesos y atribulaciones, todo ello a la manera clásica, sin planos de tres segundos de duración, ni diálogos pretendidamente modernos que hagan la película más atrayente para el público más adocenado.

No quiero decir con ello que en el film se vea crecer la hierba, que no es así, pero se aprecia una sólida estructura interna que posibilita un ritmo llevadero, con unos personajes bien definidos y cuya interrelación tiene tanta importancia para el director como los sucesos más grandilocuentes.

Destaca también la sobriedad de la que hace gala Weir a la hora de exponer ciertos momentos, como las operaciones a los marineros, mostradas con naturalidad sin caer en lo morboso. No se puede dejar de nombrar tampoco la espectacularidad de las luchas entre los barcos (en especial el abordaje en el tramo final), la visita a las islas Galápagos, o la tormenta del Cabo de Hornos, todas estas escenas tan sobrias como interesantes.

En el apartado actoral, reseñar que todos los actores cumplen su cometido con convicción, siendo creíbles como marineros. Resalta el duelo interpretativo de Russell Crowe y Paul Bettany (excelente este último como el doctor Maturin), en el que se muestra la sincera amistad de ambos, siendo Maturin una especie de voz de la conciencia de Aubrey, con opiniones contrapuestas ambos, pero unidos en su pasión por la música clásica.

En definitiva, una estupenda película de aventuras marinas la mar de entretenida y con la suficiente chicha en su interior para resultar bastante superior a chorradas infantiloides como “Piratas del Caribe”. Un claro ejemplo de buen cine comercial, que no hubieran desdeñado realizar Raoul Walsh o David Lean.

David García


El australiano Peter Weir nos ha devuelto gloriosamente a las epopeyas de antaño. Su filme está ambientado en la época de Napoleón (S. XVIII), en las batallas que libraban los barcos ingleses contra los franceses. El mar y el viento furiosos se alían contra la épica persecución del capitán Jack Aubrey (un excelente Russell Crowe) tras un barco francés.

Nos vemos abrumados por tormentas demoledoras, luchas sin cuartel, vidas perdidas, y otras dañadas y marcadas para siempre. Sin embargo, es la relación entre el indomable capitán y el rebelde doctor Stephen Maturin (también excelente Paul Bettany) donde reside el mayor interés e hilo conductor de la película.

Pero tal argumento no se pierde entre efectos especiales, si no que Weir ha sabido dotar a la aventura de buen ritmo narrativo, de personajes carismáticos y definidos, de relaciones humanas y de secuencias espectaculares que nunca llegan a la exageración típica de las superproducciones.

Tenemos la sensación de estar ante una de aquellas epopeyas marítimas del cine clásico donde los silencios, los gestos, las miradas y unas pocas y significativas palabras entre el capitán y su tripulación valían mucho más que las batallas sin medida.

Éowyn


El género olvidado de los barcos, ya había tenido un aceptable resurgir con “Piratas del Caribe”, pero esta magnífica película es la que definitivamente ha vuelto a hacer zarpar (y de qué manera) el barco de las aventuras marinas.

En todo momento de este film se nota que detrás hay un director veterano, que cuida mucho todos los detalles, y que no se deja seducir por los efectos especiales (precisamente, lo peor de la película son las escenas de acción, un tanto confusas).

El resultado: grandes interpretaciones (magnífico Paul Bettany), un guión que desarrolla muy bien las relaciones entre los personajes, buen apartado técnico y ningún tópico fácil, que consiguen que Master and Commander sea una de las mejores y más maduras películas del año.

Es realmente esperanzador ver cómo algunas de las películas actuales (entre las que se encuentra ésta) están resucitando el buen cine comercial, ése en el que los efectos especiales son lo de menos.

Un 9; señor Weir.

Wishi

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